jueves, 22 de marzo de 2018

La niña caracol


Había una vez una niña caracol. En realidad era una niña única en su especie, porque jamás se había visto algo tan extraño. Al nacer parecía un bebé completamente normal, nada hacía presagiar en lo que se convertiría. Sin embargo, pocos meses después, al mismo tiempo que comenzaron a salirle los dientes, unos pequeños cuernos asomaron tímidamente entre sus finos cabellos ensortijados. Sus padres estaban orgullosos de que tuviese tanto pelo y, gracias a aquella incipiente melena, se alegraron de poder esconder sus inauditas protuberancias durante un tiempo. 

De poco sirvió que consultaran a prestigiosos médicos y todo tipo de curanderos, que acudían solícitos de lejanos lugares —con el fin de incrementar su fama tratando de ser los primeros en descubrir qué extraña enfermedad padecía la pequeña—, porque enseguida el caparazón empezó a formarse en la parte baja de su espalda. Y antes de cumplir los cinco años todos los habitantes del reino sabían que aquella niña no era normal, pese a que su salud no se resintiera ni un ápice a consecuencia de su bizarro aspecto. Solía estar sola, para evitar que se burlasen de ella, y porque su tendencia natural a inventarse cosas la hacía parecer todavía más rara. Su madre insistía en que no debía contar mentiras, sin entender que no eran tal cosa las historias que brotaban de su imaginación, y que tampoco era capaz de refrenarlas. 


Por eso se lo pasaba tan bien en el bosque al salir de la escuela. Allí podía contarles a los árboles o a los animales que se paraban a escucharla todo lo que le apetecía, sin necesidad de ocultar su anatomía bajo la capa que le obligaban a usar sus padres para guardar las apariencias. Entre esos otros habitantes de su entorno no desentonaba, al contrario, los pajarillos y las mariposas se posaban en su caparazón para oír mejor sus entretenidos relatos, las ardillas compartían con ella sus frutos secos a cambio de un cuento dedicado, o incluso echaba la siesta con sus amigas las liebres sobre un tronco, arropada por algún oso pardo embelesado por su inventiva, que le proporcionaba calor con su suave pelaje.   

Lo que no imaginaba era que alguien más atendía a sus relatos oculto entre la maleza. Un muchacho vecino de otro pueblo cercano al bosque la oyó un día por casualidad, y se acercó sigilosamente para comprobar quién narraba de un modo tan singular aquella divertida historia. La reconoció en el acto, famosa como era por su deformidad, y se sorprendió de que no le resultara tan desagradable como esperaba. Quizás influyó en ello que su voz fuera tan bonita, porque jamás hubiese imaginado que se quedaría prendado al instante de una chica como ella. Siempre le habían advertido que se apartara de ella, que estaba maldita, y a él le pareció el ser más mágico que había visto en toda su vida. 


Hasta se le antojó que le favorecía ser como era, sus delicados cuernos se mecían al ritmo de sus palabras, y le hizo gracia verla sentada sobre su concha balanceándose como en una mecedora. Asistió a su narración maravillado, y se regocijó al ser testigo de la efusividad que le demostraba su público. Con gran algarabía se rindieron a sus pies nada más terminar, instándola a su manera para que les contara otra más. Porque sólo así se explica que los pájaros trinaran revoloteando a su alrededor, o que los conejos golpearan el suelo con sus patas. Era un bis lo que le demandaba su audiencia, y ella se lo concedió solícita, no sin antes deleitarlos a todos con su contagiosa risa, que al muchacho le sonó tan pura y cristalina como la cascada de las montañas. Él también asistió a su reclamada intervención, pero el cielo empezó a oscurecer dando rienda suelta a las sombras y no le quedó más remedio que regresar por donde había venido, porque para su desgracia se le había hecho demasiado tarde. 

Desde aquel día el muchacho acudía a diario al bosque alegando cualquier excusa en casa, no sólo porque se sintiese atraído por sus relatos, sino porque cuanto más la observaba más le fascinaba aquella niña. Ella ni se imaginaba lo que ocurría, hasta que una tarde el chico pisó una rama en un descuido, descubriendo su habitual escondite. Los animales se ocultaron al instante todos alarmados, y la joven entendió que no se trataba de otro de ellos. Él decidió salir para no asustarla más de lo que ya estaba, pero ella se recogió de inmediato en su caparazón tras verlo asomar la cabeza entre los arbustos. Su sorpresa fue mayúscula al reconocerlo, pues se trataba del chico con el que se cruzaba a menudo yendo con su madre a la feria. Él era el único que nunca se había metido con ella, e incluso miraba mal a los que la insultaban a su paso, y por ese motivo lo amaba con toda su alma, porque su inusual gentileza henchía de gozo su maltrecho corazón. 


Él le habló intentando que no se ocultase explicándole que acudía a escucharla a diario, sin embargo, sus esfuerzos fueron en vano, pues ella no encontraba el valor suficiente para salir de su concha, ni para asomar los cuernos siquiera. Las advertencias de sus padres y sus malas experiencias con los otros chicos de la escuela la obligaron a ser desconfiada, tampoco tenía amigas a quien confiar sus penas o su cuita amorosa, y su timidez innata la llevó a enrocarse en su postura. Para cuando logró superar el temor a encarar a su verdadero amor, el chico se había ido. Salió huyendo presa del pánico tras cansarse de insistir, temiendo que de un momento a otro los animales le atacaran, porque ellos fueron los primeros en vencer sus miedos para defender a quien consideraban que estaba siendo atacada.

Consternada, la pobre niña caracol lamentaría su cobardía hasta la saciedad, porque él no regresó. Al menos que sepamos, pues dicen que ella todavía lo espera contando historias al pie del mismo árbol, en aquel claro del bosque en el que se pasa las tardes con sus insólitos amigos. Así que debe ser cierto que conserva la ilusión de que en cualquier momento su chico aparezca para observarla desde una prudente distancia, y por eso le prepara a diario nuevas historias con las que mantener intacto su interés por escucharla, tan atento como el primer día que se la encontró siendo como ella es en su hábitat natural. 



by Eva Loureiro Vilarelhe

32 comentarios:

  1. Preciosa fábula,Eva (y de las que me gustan;sin moraleja).
    Pocos palos te quedan por tocar y todos bien.Gracias por tus relatos.
    La paradoja de la Belleza;lo más importante del mundo pero que no todo el mundo es capaz de captar.tienes que llevar la otra mitad del mapa dentro de ti.
    Y volvemos a "nada importante se consigue sin esfuerzo".
    También el "Síndrome de la Tortuga sin caparazón" (pero la tortuga venció a la liebre,no olvidemos).
    Gracias de Nuevo,Eva.Me gusta como escribes (y en tu caso,esto;tu talento, es muy fácil de percibir,).

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  2. ¡Caramba, Suso, menudo comentario! Tú sí que tienes talento para subirme los colores...
    Coincidimos en aborrecer las moralejas, nadie escarmienta en cabeza ajena así que no tienen mucho sentido, las lecciones de vida se aprenden de los ejemplos, creo yo. Y también estoy de acuerdo en lo del esfuerzo necesario para alcanzar lo que deseas... por cierto, me encanta esa imagen de la otra mitad del mapa, igual la tomo prestada y cualquier jueves te la devuelvo en una entrada ad hoc ;)
    Y gracias a ti, siempre, por leerme. Un beso :)

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  3. Un gran relato Eva. Con reminiscencias a otro tipo de metamorfosis. Todo un hallazgo la metáfora del caracol. Mucha gente se suele esconder dentro de si mismo. Qué mejor entonces que llevar la propia casa a cuestas. La historia tiene ternura y mas de una lectura de lo que sucede. Gran trabajo.

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    1. Gracias, Nestor, es un relato muy sentido y muy personal, pero es cierto que perfectamente extrapolable a muchísimas identificaciones, la rareza es más común de lo que creemos, me temo, jajaja. Me alegra que aprecies ese punto de ternura en el que hice hincapié, porque a mí es precisamente lo que me transmiten los seres como ella. Reitero mi agradecimiento por tu visita y tu amable comentario. Saludos desde el otro lado del charco :)

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  4. Un cuento precioso que nos muestra la belleza y el dolor que tantas veces oculta lo diferente. Me ha encantado, Eva.

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    1. Muchas gracias, Marta, eso intenté mostrar al menos, me alegra muchísimo que te haya gustado. Besos.

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  5. Yo soy de las que piensa que toooodos tenemos algo bonito. Si no es el físico, es la risa, o la forma de andar, o la voz...En este caso el chico, además de tener buen corazón, se encandiló de esta última. Lástima que desapareciera por sus infundados temores.

    Ha sido un placer leerte, Eva (como siempre).

    Un beso

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    1. Pues tienes tooooda la razón, Chelo, jajaja. En serio, todos tenemos ese algo especial que alguien sabrá apreciar, lo que ocurre es que a veces no coincidimos en la línea espacio-temporal, pero bueno, seguro ese otro existe ;) El placer es mío, siempre, por recibir tu visita, y encima me dejes un comentario tan bonito. Un beso enorme, corazón.

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    1. Muchas gracias, Betty, por leerme y ser tan gentil de dejar huella por aquí. Un abrazo.

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  7. Jo, Eva. Te aseguro que me has transportado a una noche estrellada, al calor y la luz de una hoguera, con la mirada absorta mientras escuchaba contar esta historia a alguien, tal vez una niña caracol. Contar una historia es nada más, y, nada menos, que esto.
    Un fábula en la que de inicio parece dirigirse hacia el miedo, intolerancia o repulsa social al diferente, al extraño, para luego lograr un giro que pone los focos en esa niña caracol. En esa niña que encara ese rechazo escondiéndose en su concha; en vez de sacar pecho y demostrar su valía. Un giro que demuestra tu dominio en el arte de contar. Un fuerte abrazo!!!

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    1. Contos da lareira, que les llamamos aquí, David, caramba, con comentarios como el tuyo ya me doy con un canto en los dientes... ¿sabes? creo que comencé inconscientemente a hilvanar mis historias al calor de esa lumbre, yo entonces escuchaba tratando de no perder ni un detalle de las que me contaban los ancianos, y después me inventaba las mías, aunque, a diferencia de la niña caracol, no tenía público entregado, jajaja, entre otras cosas porque me las guardaba para mí. Es difícil sacar pecho cuando te enseñan a esconder tu anomalía, lo fácil es hundirse, y, si tienes la suerte de disponer de un mundo interior rico, encerrarte en ti misma como hace ella... Eres un encanto de persona, de verdad, cada vez que te pasas por aquí soy más consciente de ello, por eso te agradezco encarecidamente que compartas mis relatos con la enorme generosidad con que lo haces. Un abrazo de oso, de esos que dan calorcito al pie de un tronco ;)

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  8. No puedes imaginarte lo que me ha gustado el cuento de la niña caracol. Me ha parecido una alegoría a “la diferencia”. Me recuerda a todas las niñas (y niños) sensibles y algo solitarias que se refugiaban en el mundo de la fantasía y de los cuentos, leyéndolos e inventando un mundo un mundo interior alternativo.
    También me ha gustado que asome el espectador, quien comprende que “la belleza” alberga ciento de formas, no solo las homologadas. Una oruga puede ser tan hermosa como una mariposa, y un caracol, enarbolando su concha como bandera, también.
    Es un maravilloso cuento el tuyo Eva, debería ilustrase y leerse en las escuelas.
    ¡Precioso!

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    1. Sinceramente, nos veo a ti ya mí con cuernos y caparazón, Isabel, jajaja, lo digo por lo de sensibles y ensimismadas, que conste, por eso te doy toda la razón, es un canto a la belleza de lo diferente, porque siempre he creído que en la diversidad reside la riqueza de los seres humanos. Vamos, que yo sería la rara de Un mundo feliz, jajaja, de cabeza me exiliaban... Pero bueno, volviendo a ti, te diré que además de sensible y contadora de historias eres una mujer muy generosa, porque me mimas con tus preciosos comentarios cada vez que me lees, y no veas la ilusión que me hace que me visites siempre. Preciosa tú, corazón, un beso :)

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  9. La niña caracol ha vivido escondida toda su vida por el desprecio de sus semejantes, y cuando tiene la oportunidad de hacer lo contrario, reacciona haciendo lo que le han acostumbrado, se repliega y deja pasar la oportunidad de su vida. Incluso sus padres, en un intento por protegerla, la han inducido a aislarse de sus semejantes. Y es que es muy difícil despojarse de esa carga cuando forma parte de tu esencia.
    Oye Eva, que yo no se si la niña caracol existe o te la has inventado, pero si es real seguro que su bosque está cerca, porque para buscar buenos bosques no hace falta irse muy lejos de donde vives, así que dame su dirección del bosque que yo también quiero ir a verla :)
    Bicos y precaución, que tenemos a Hugo de visita por estas tierras.

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    1. Te agradezco muchísimo tu dedicada lectura, Jorge, porque lo has clavado. Como le decía a David, y tú muy bien comentas, es difícil desaprender lo que te han enseñado desde niña, es más sencillo esconderse o esconder a alguien que defenderte o defenderlo ante la mirada crítica de la sociedad. Justo en estas fechas que se celebra el Día Internacional del síndrome de Down, me vienen a la memoria todos aquellos que vivían recluidos por sus propias familias porque no querían reconocer la vergüenza que suponía para sus padres o sus hermanos su mera existencia, una verdadera aberración que sufrían esos seres diferentes a los que se les negaba la posibilidad de crecer como personas que son. Pero bueno, esperemos que esas cosas queden atrás como parte de nuestro oscuro pasado y no se repitan nunca más.
      Oye, Jorge, igual ya la conoces y no te has dado cuenta ;), pero ya te diré en qué bosque se refugia, no te preocupes, que ya veo que empiezas a asimilar el compromiso de la ahijada del señor E. y pasar página, jajaja.
      Bicos a moreas e a modo, que Hugo ventea...

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  10. Eva es un delicado relato sobre las diferencias.Muy tierna esa niña caracol que no ha conseguido superar esos miedos, espero que finalmente lo consiga y verá que también hay personas que saben ver más allá de lo evidente, que se atreva a salir y seguro que será más feliz.
    Besos

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    1. Seguro que sí, Conxita, pero es difícil dar el paso, aunque quizás cuando crezca...;) Muchas gracias por pasarte a leerme y dejar un comentario tan bonito. Besos

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  11. Seguro que el chico cambió de escondite y ahora toma más precauciones para no asustar a la chica de sus sueños. La sigue amando a distancia y en la soledad de su cuarto, inventa historias en las que los dos conviven dentro de ese pequeño caparazón.

    Bonita historia Eva. Bicos!

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    1. Bonito tu comentario, David, imaginando la otra parte de la historia :) Me alegro de que te haya gustado, muchas gracias por compartir y demás, corazón, petons!

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  12. También te atreves con las fábulas!,... esas de las que los hermanos Grimm han elevado a todo un género. La cosntancia como valor en la vida,... pero al que yo añadidía el de la decisición y el valor,... el tren no para siempre cuando uno lo desea. Estupenda entrada Eva!

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    1. Ni pasa siempre cuando estamos dispuestos a cogerlo, Norte... al tren me refiero. Muchas gracias por comentar y compartir, me alegro de que te haya gustado. ¡Un besazo!

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  13. Es un cuento infantil en toda regla en forma de fábula. ¡Me dejé llevar por el embrujo de tus bellas letras. Lo leí en el largo viaje de regreso de Granada. Entonces no lo comenté ya que la mayoría de las veces leo sin comentar, para luego en el PC hacerlo con tranquilidad.
    Cuando sea mayor...me gustaría escribir así, con esa facilidad para cambiar de estilo.

    Lo que deduzco de tu texto es que lo "raro o diferente" produce rechazo, miedo, aislamiento aunque los protagonistas sean niños.

    Te sigo leyendo, ya sabes: siempre seré lectora, que de vez en cuando cuando las meigas estén a mi favor: escribiré.

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    1. Lola, siempre tan generosa conmigo, no te preocupes que un día lo estarán y escribirás lo que desees... un placer que me leas y que te guste todavía más, así que sólo puedo agradecerte que tengas la gentileza de leerme y comentar, como siempre. Un besazo, guapa :)

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  14. Preciosa y delicada historia, Eva, como son todas tus letras. Esa suave melancolía es como una brisa que anima el bosque con la presencia de criaturas sorprendentes y adorables.

    Te envío un abrazo.

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    1. Tú si que me animas con tus comentarios, Juan Antonio, incluso cuando te pones melancólico... gracias por pasarte por aquí a leerme. ¡Un cálido abrazo de vuelta!

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  15. Preciosa fábula Eva. A veces nos instan tanto desde la sociedad como de l entorno a "escondernos" por ser diferentes, que al final acabamos en un "caparazón" como la niña protagonista de tu relato. Tu relato me ha recordado un poco a la película El hombre elefante, aunque para este la vida era todavía más dramática. Esperemos que con el tiempo la niña se haga una mujer fuerte y "saque sus cuernos al sol, jeje", para que pueda vivir con plenitud.
    Me ha encantado, Eva.
    Un besote guapa.

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    1. Recuerdo lo que lloré viendo la película, Ziortza, sí, ese tipo de anomalías físicas resultan sumamente dramáticas, sobre todo porque en su mayoría son provocadas por graves enfermedades que les ocasionan muchos problemas, además de una muerte prematura. En este caso era más alegórico, y por lo tanto será más factible que acabe sacando los cuernos al sol, jajaja, como bien dices para alcanzar una vida plena ;)
      Muchísimas gracias por pasarte, corazón, me alegro de que te haya gustado. ¡Feliz semana y un besazo!

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  16. ¡¡Qué cuento tan precioso, Eva!! Es tan tierno...

    Espero de todo corazón que el muchacho encuentre el valor para volver al bosque y encontrarse con la niña caracol de nuevo. Es tan extraño cuando una conexión así sucede, que todo el Universo de las historias debería confabular para que hubiera un final feliz y muchas risas :))

    Me ha encantado, gracias por darme motivos para sonreir y suspirar esta mañana.

    ¡Un beso grande!

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    1. Gracias a ti, Julia, por leerme de forma tan generosa, porque tus comentarios son los que me dan a mí muchos motivos para sonreír. Desde luego que sería deseable que la historia acabara bien, mejor que bien, diría yo, porque estás en lo cierto, esas conexiones no deberían romperse jamás de los jamases ;) Eres un amor, te agradezco de nuevo tus preciosas palabras, ¡un besazo, guapa!

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  17. :(

    Así me quedé, sin poder gritar vivan los novios que es lo que se impone en las fabulas de Perrault and company. Precioso el cuento casi fábula, Eva, porque lo triste tiene esa belleza que deja el corazón del lector prendado y a la vez encogido (no, no vomité el café debido al disgusto que me lleve al ver que la muchacha no salió de su caparazón, jajaja)

    Abrazo.

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    1. Pobrecito mío, mira que si llegas a vomitar tu café matutino por mi culpa, no me lo perdonaría en la vida, jajaja. Ahora en serio, John, me alegra saber que tu corazoncito no es de piedra ;) Y te agradezco que me dediques algo de tu preciado tiempo para leerme, ya te echaba de menos :)
      ¡Abrazo enorme, corazón!

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