jueves, 8 de marzo de 2018

Armas de mujer


Siempre detesté aquella horrible película, esa en la que Melanie Griffith y Sigourney Weaver hacen gala de hasta dónde puede llegar una ejecutiva para lograr el éxito. ¿Se supone que esas son armas de mujer? En absoluto, lo único que ambas demuestran con los papeles que interpretan, es conocer a pies juntillas todas las estrategias aprendidas en un mundo empresarial marcadamente masculino. Si me apuran, hasta podríamos cambiarlas sin problema por dos actores en boga a finales de los ochenta y el resultado sería el mismo, incluso en lo que concierne a seducir a Harrison Ford… también es cierto que en tal caso habría que modificar el título, Working Girl ya no tendría demasiado sentido. 

Aunque para mí nunca lo tuvo, jamás me identifiqué con ese tipo de mujer trabajadora que absorbe lo peor del otro sexo para hacer carrera. Así me va, claro, dando tumbos de un empleo a otro sin cesar… ¡y todo por defender lo que creo justo! Y ¿qué es lo que considero justo? Pues que tengo el mismo derecho a cobrar un salario igual al compañero que desempeña idéntica función que yo en mi oficina, para empezar. O que no tengo por qué aguantar miraditas ni toqueteos de ningún hombre dependiendo de cómo vaya vestida. O que si me da la gana de quedarme embarazada no me despidan, ni me miren mal por acogerme a una reducción de jornada para cuidar al bebé.

Sí, salí reivindicativa yo, ya de pequeñita me lo decía mi madre. Era la primera en liarme a tortas con el chaval que se atreviera a meterse con alguna de mis compañeras de clase, algún que otro ojo morado en las fotos del álbum lo acreditan. O en insultar al baboso de turno que le soltaba una grosería por la calle a una de las chicas de nuestra pandilla, las carreras que nos pegábamos después si se nos echaba encima el muy colgado también las recuerdo. Porque eso es así, y no hay vuelta de hoja, si un tío viene a por ti, estás jodida. A no ser que seas Sigourney Weaver, claro, y puedas agarrarlo del cuello para ponerlo a tu altura y escupirle cómodamente en la cara. Bueno, no se me asuste el personal… he de reconocer que a mis años ya estoy más calmada, y no me da por ahí.

Comencé a cambiar al conocer a Mara. Sí, me gustan las chicas desde que tengo uso de razón. Por eso alucino cuando dicen que la culpa la tienen ellas porque van provocando. ¡Yo jamás me tiré encima de ninguna, por muy buena que estuviera! Como mucho me acercaba y me insinuaba, y si me decía que no, pues eso. NO. Siempre me quedaba el consuelo de hacerme amiga suya y tal… ¡Ni se me ocurriría ir a buscar a unas cuantas colegas y tirárnosla en plan manada, vamos! Es que no, es NO. Y que conste que mi chulería me viene del barrio en el que me crié, era chungo y tuve que aprender a defenderme, sobre todo de los gilipollas que me increpaban al grito de ¡bollera de mierda!, e intentaban que probara rabo para saber lo que es bueno… 

Lo bueno fue que a mi padre lo trasladaron y tuvimos que mudarnos. Y en mi nuevo instituto de mi otra ciudad conocí al amor de mi vida. A Mara le horrorizaba mi lenguaje soez, mi pinta de chico malo, y mis faltas de ortografía. Eso fue lo primero que corrigió. Me quedaba a estudiar en su casa todas las tardes al salir de clase —porque lo segundo que me enseñó fue que si no estudias lo tienes todavía más crudo—, y así logré conquistarla. Aprendo rápido y supe que si quería impresionarla debía chapar gramática, moderar mi ordinariez y cambiar de peinado. Ahora ya no me reconozco en las fotos antiguas con el pelo tan corto, ella dice que una melena bien cuidada es la mejor presentación para una entrevista de trabajo. Y es cierto que la imagen es fundamental hoy por hoy. Por eso odio que la nuestra se convierta en cuestión de Estado cuando una mujer está en el punto de mira. ¿Y ellos qué? ¿Acaso se les critica si llevan la corbata mal conjuntada? ¿O si tienen barriga cervecera? ¿O se ven obligados a pasearse medio en pelotas por las alfombras rojas?

Es superior a mí, me revienta que se nos juzgue por fuera, sin tener en cuenta nuestro intelecto, y que los cargos a dedo sean todos para ellos. Cuando está demostrado que entre un hombre y una mujer en igualdad de curriculum, el de ella siempre tiene un plus añadido. Porque ha tenido que luchar contra los prejuicios, cargar sobre sus hombros con familia, tareas domésticas y demás, para llegar al mismo sitio. Mientras él lo ha conseguido de una manera mucho más relajada, por lo tanto, si hubiera que ponerlos a prueba en condiciones excepcionales, ¿quién creen que reaccionará de manera más eficaz ante el estrés, las complicaciones, o la imperiosa necesidad de convertirse en un ser multitarea? En efecto, quien ya lo es: ella. 

Llámenme feminista, lo soy, ¡y a mucha honra! Lo que ya no soy es “feminazi”. ¡Si la guerra de sexos ya está más que superada, por favor! ¿Acaso todos los hombres son iguales? Por supuesto que no, pese a que muchos de ellos digan que nosotras sí. Porque esa no es la cuestión, no se trata de pisotearlos a ellos para subir nosotras, no. Ya he dicho que incluso en mi etapa guerrillera la película que he citado me pareció un esperpento de lo que quieren en que nos convirtamos. Y no, no seremos como ellos, porque eso es ponerse a su altura y, como ellos creen que estamos por encima —puesto que de otro modo no se explica que ellos sí nos pisoteen—, lo que debemos es defender nuestros derechos. ¿Con qué armas? Pues con las nuestras, claro está, porque las verdaderas armas de mujer son aquellas por las que tanto se nos critica al género femenino desde hace siglos.

Dicen que todas somos iguales: sentimentales, lloronas, débiles, y un largo etcétera de estupideces que no pienso repetir aquí. En definitiva, que destilamos amor por los cuatro costados. Y eso es algo que descubrí yo al ser madre. Sí, Mara quiso tener un bebé, y su jefe no la echó, sino que le facilitó las cosas, y todo ello sin tener que irse a vivir a un país escandinavo, ¡para que luego digan que aquí no se puede! Baja maternal, permiso de lactancia decente, jornada flexible… hasta yo participé en el proceso, llevándole al crío para que le diera el pecho durante mis intervalos desempleada. Que yo no tuve tanta suerte con mis jefes, vamos, y los que me tocaron en desgracia no veían con buenos ojos que defendiera a una compañera víctima de acoso, o de malos tratos por parte de su pareja. Pero una cosa sí que es cierta, dejé de echarle la culpa a los hombres en general, por el simple hecho de que ahora soy la madre de un niño. 

Un hijo en el que tengo puestas todas mis esperanzas, porque confío ciegamente en que se convertirá en un adulto tolerante y respetuoso con el otro sexo como muchos otros que he ido conociendo a lo largo de mi vida. Porque también los hay, existen hombres que se escandalizan tanto como nosotras ante las vejaciones que sufrimos, sí, no exagero, que habrá a quien no le parezcan tan graves, pero sólo hay que echar un vistazo a la prensa para echarse las manos a la cabeza: que si burkas, lapidaciones, ablaciones, prostitutas a la fuerza… Por no hablar de lo que nos queda más cerca: desapariciones, asesinatos,  violaciones en masa, abusos, maltrato físico y psicológico, desigualdad salarial y educativa… Vamos, que el día que una chica guapa pueda regresar de madrugada —de taconazo, minifalda y escote— y llegar sana y salva a su domicilio, tras haberse cruzado con varios hombres por el camino sin mayor novedad, podré decirle a mi hijo: esta es la sociedad en la que quiero que vivas, amor mío.

Y en nombre de ese amor, y del todo el que llevamos nosotras dentro, os arengo a que nos unamos para convertir ese “todas son iguales” en una nueva consigna: 

¡TODAS SOMOS UNA! 

Ahora mismo, sí, ¡ya estás tardando! Ve en busca de tu madre, de tu hija, de tu abuela, de tu hermana, de tu amiga, de tu novia, de tu vecina, de esa desconocida con la que te cruzas a diario, de la mujer que tengas más cerca, vamos… ¡Sal a buscarla ahora mismo, y cógele la mano! Mírale a los ojos luciendo tu mejor sonrisa, y dile: ¡Estoy aquí, a tu lado, y siempre puedes contar conmigo para lo que necesites, mujer! 

¡Y demuéstraselo a partir de ahora en tu día a día! Defiéndela como si fueras tú misma, porque en realidad lo eres, tú eres más ella de lo que crees, todas y cada una de nosotras somos la misma mujer indefensa ante una sociedad que no nos trata como iguales, cuando en realidad somos la mitad de la población mundial. No importa nuestra edad, nuestra raza o nuestras creencias, somos la misma, y unidas seremos tan fuertes como ellos. Así que plantémosles cara de una vez por todas, cabeza alta, mirémoslos frente a frente, y repitamos al unísono —porque todas somos una—: ¡Eh, yo tengo los mismos derechos que tú, así que ya va siendo hora de que lo reconozcas y creemos un mundo nuevo, más justo e igualitario para todos! ¡Y para todas y cada una de nosotras!          
    


by Eva Loureiro Vilarelhe

38 comentarios:

  1. yo también, estaré a tu lado cuando me necesites. Cuenta por supuesto conmigo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Jose, cuento con ello ;), y agradezco también que me leas, aparte del apoyo a nuestra causa, jajaja. Un beso :)

      Eliminar
  2. Eva, espero que no te moleste, pero la primera parte de tu relato me ha hecho reír y recordar tiempos atrás.
    Por supuesto que no todas somos iguales, como prueba, mira lo que has publicado tú y lo que he publicado yo. Jajaja, no se parece en nada, pero ambas buscamos una cosa en común hacernos eco de la injusticia y, a nuestro modo, trabajar por un mundo mejor.
    Un fuerte abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Cómo va a molestarme, Ana, si era lo que pretendía! A veces adoptamos actitudes que pueden resultar graciosas vistas pasado un tiempo, pero lo que es indudable es que el trasfondo sigue de rabiosa actualidad, y utilizo precisamente este adjetivo porque me da rabia que sea así... en eso estamos, querida amiga, luchando por un mundo mejor, como bien dices. Un abrazo enorme y muchos besos, corazón :)

      Eliminar
  3. Como siempre,has dado en el clavo,Eva.
    Tiempos oscuros en que hay que señalar y recordar lo evidente y lo justo,la base de cualquier civilización;el respeto y la igualdad.
    Esto debería avergonzarnos,cuando no es así.
    Recuerdo que en "la mancha humana" de Roth,Un hombre negro decía;"muchos blancos me desprecian,pero incluso algunos de los que me tratan bien,no lo hacen porque así debe ser,sino porque aumentan su autoestima dciéndose,qué buena gente soy al tratarlo así".
    A veces sucede así,y tampoco es eso.Nadie debe ser magnánimo ni conceder derechos.Porque los derechos ya los tienen.Solo debes respetarlos.

    Los postulados los tiene que tener claros (y sobre todo lelvarlos a c abo) todo el mundo,pues por eso lo son.

    Gracias Eva,siempre,por tus escritos. (¡Y qué vuelva el señor E.)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tú sí que has dado en el clavo con tu comentario, Suso, debería sobrar mi entrada a estas alturas del campeonato, pero por desgracia no es así. Tuve un profesor de filosofía alemana en la facultad que nos decía que faltaban unos cuatrocientos años para que las mujeres fueran tratadas como iguales, visto lo visto, creo que no exageraba.
      Gracias a ti, siempre por leerme, y tranquilo que el señor E. también volverá con otra de sus peripecias, cómo no ;)
      Besos :)

      Eliminar
  4. Estoy dándote la mano Eva, y por medio de ti a todas las mujeres, y a todos los hombres. ¡Fuera los ghetos!
    Me ha encantado la voz masculina que le has prestado a tu relato reivindicativo e igualitario.
    Yo no quiero ser como los hombres, yo quiero ser compañera de los hombres y de las mujeres, en definitiva, de la buena gente sea del género que sea. Especialmente a las mujeres y hombres del blog que compartimos. Feliz día del ser humano.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y yo te la cojo con enorme ilusión, Isabel, porque se nota que eres una mujer que merece muchísimo la pena, por tu manera igualitaria y no rencorosa de pensar, comme il faut... la voz de una lesbiana feminista que entra en razón al ser madre fue la que escogí para tocar el tema, pero bien podría haber elegido la de uno de esos hombres sensibles que ambas sabemos que existen ;) Porque es bien cierto lo que dices, deberíamos celebrar el día del ser humano, ya que nos enamoramos de la persona y también mantenemos amistades con personas, independientemente de su sexo. Feliz día del amor al prójimo, compañera. Un beso enorme

      Eliminar
  5. Me gusta como llamas a las cosas por su nombre, Eva.
    En este texto brillantemente lúcido te has lucido ;)
    Resuena en tu voz las voces de todas las mujeres, las que saben, las que pueden, las que no pueden y las que ignoran que hablas por ellas.
    También pones voz a esos compañeros y amigos (que sí existen, es cierto) que asisten, entre atónitos y confundidos, a la sucesión de perogrulladas aún por conquistar que al otro medio planeta se les presupone: derechos fundamentales adquiridos por nacimiento. Por estar vivas. Por ser personas.
    Deseo que el 8 de marzo pase a ser un día más en el calendario, un día para disfrutarlo, un día del que reírnos, ¿recuerdas cuando teníamos que luchar, reivindicar, reclamar, protestar?, qué tiempos aquellos.
    Y espero que no tengan que pasar 400 años más...
    Un beso, hermana.



    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ojalá que tu deseo se haga realidad lo antes posible, María (si llegamos a verlos nosotras ya sería todo un logro, te lo aseguro). Te agradezco muchísimo tus palabras, porque sé que las dices con el alma, porque en todo pones la maravillosa que tienes, hermana, y yo me alegro de poder tenerte como tal ;) Cógete de mi mano, que nuestra cadena femenina conseguirá alcanzar nuestro sueño mucho antes que si vamos cada una por nuestro lado, juntas como más fuertes, somos una. Y estoy orgullosa de ser tú.
      Un beso, corazón :)

      Eliminar
  6. ¡Hola Eva! Me gusta esa forma de ser inconformista, guerrera, y con los pies firmes sobre la tierra. Te doy gustosa mi mano, porque eres de las personas que luchan en un mundo de hombres (me refiero a editoriales y los hombres que toman decisiones en ellas).

    Tenemos que estar todas, todas en la lucha por la igualdad, cosa un tanto difícil en la sociedad actual, dónde en algunos sectores lo que prima es la belleza, la talla 40, el estar calladita en reuniones, en estar guapita, y todo eso que esperan los hombres.

    ¡No! Me niego. Y es que voy a contracorriente para variar.
    Un abrazo de hermana
    Todas somos iguales
    todas somos hermanas

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No vas a contracorriente, Lola, cogidas de la mano vamos todas hacia el mismo sitio, ¡un futuro esperanzador! Aquí me tienes, para lo que necesites, que las distancias se acortan sólo con desearlo y estaré a tu lado cuando me llames. Y sigue luchando, guerrera, que tú puedes con todo y más ;)
      Gracias por leerme, y por tener la generosidad de comentar con el cariño con el que lo haces. Un abrazo desde el corazón, hermana :)

      Eliminar
  7. Es triste que a estas alturas del siglo XXI se tengan que luchar por cosas elementales. Es todavía más triste que nos quede tanta lucha por delante para lograr un mundo mejor para todos.

    Te mandaría un beso, pero hoy me apetece más un abrazo fuerte.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me llegó tu abrazo ayer, y hoy te correspondo con otro igual de cálido, David, porque la tristeza se lleva mejor en compañía y la tuya se agradece. Como también he de darte las gracias por leerme siempre y compartir mis textos con tu enorme generosidad.
      ¡Feliz fin de semana, noi!

      Eliminar
  8. ¿Qué añadir, Eva? Sueño con un mundo en el que todos confiemos en todos; en el que cada uno asuma sus obligaciones en la misma medida que se le reconozcan sus derechos; en el que el dinero no sea el sistema de recompensa social; en el que entendamos que nuestra casa es tanto la que está tras la puerta, como antes de llegar a ella y por tanto debemos respetarla; en el que disfrutemos y aprendamos de nuestras diferencias, tanto como de nuestras similitudes. Un mundo en el que los niños puedan jugar solos en la calle, y los padres no tengan que sufrir cuando su hijo-hija sale de fiesta por la noche. Soñar puede ser el primer paso, y puede que si todos soñamos muy fuerte podamos conseguirlo.
    El ser humano es único, la única especie conocida del universo capaz de descubrir sus misterios o cantar su maravilla. Vaya, me ha salido un "speech" contagiado por tu alegato, perdona. Un fuerte abrazo!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Por favor, David, no deberías sentirte obligado a disculparte, al contrario es un placer leer comentarios efusivos como el tuyo. Qué más querría yo que se cumplieran todos tus deseos, porque como bien dices, si soñamos muy fuerte entre todos, lo conseguiremos, no me cabe la menor duda, sobre todo habiendo hombres que piensan igual que tú, que todos somos iguales y que en igualdad tendríamos que vivir.
      Eres un amor de persona, y me siento enormemente afortunada por poder contarte entre mis "amigos", virtuales, lo sé, pero hay gente como tú que merece muchísimo la pena, y es de agradecer habernos encontrado, al menos en lo que a mí respecta ;) Un placer, David, y un honor que te pases por aquí a leerme y comentar, a modo de manifiesto aún encima, lo dicho, sólo por leer cosas así ya merece la pena.
      ¡Abrazo de oso!

      Eliminar
  9. Sí que te ha salido Eva la vena reivindicativa, y poniendo los puntos sobre la íes, como suele decirse. En los tiempos que corren y sobre todo en las nuevas generaciones creo que va existiendo una concienciación cada vez mayor en temas de igualdad, aunque todavía como dices no haya un reflejo real todavía en muchos aspectos de la sociedad. Y creo también que muchas veces nos cuesta ponernos en vuestra piel. Hace poco estaba en Madrid por cuestiones de trabajo, bueno no en Madrid exactamente sino en Alcobendas, y todos los días procuraba bajar a la ciudad a dar una vuelta y hacer algo de turismo. Del hotel a la parada de metro hay unos veinte minutos andando por un parque al borde de la autopista y al regresar lo hacía siempre de noche. Y muchas veces he pensado, de ser mujer y en vista de lo que hay, o bien iría todo el rato mirando para todos lados o tendría que cogerme un autobús o un taxi, o directamente quedarme en el hotel. Son pequeños detalles de los que no nos damos cuenta hasta que nos paramos un momento a reflexionar, pero que están ahí. Al final todo es una cuestión de respeto y empatía, y eso es lo que deberíamos inculcar a las generaciones venideras. Así que todo mi apoyo y cariño en este día tan cargado de reivindicaciones.
    No voy a negar también que algunos de los párrafos me han chocado, y digo esto Eva porque creo que hay confianza. No veo por qué puestos a reivindicar iguales condiciones se ha de recurrir al argumento de que ellas tienen un plus añadido por cuestión de género, creo que es el mismo que se ha usado de manera insistente al aseverar que los hombres pueden desempeñar mejor algunos trabajos por cuestiones físicas o de posición social, algo que el tiempo y la evolución de la sociedad ha demostrado falso. Tampoco que en más de una ocasión se haya recurrido al "ellos" en contraposición al "nosotras", como si el "ellos" supusiera el asumir determinados roles, comportamientos o ideas por una cuestión de género. Y es que en esta sociedad en la que se nos trata de dividir y compartimentar constantemente desde arriba (rojos/azules, nacionales/nacionalistas, madrid/barsa...) tendemos a asumir esa dinámica casi sin darnos cuenta, y me apenaría que unas reivindicaciones justas queden enclaustradas en un nuevo gueto (nosotr@s/ell@s) sin mas señas de identidad que la propia diferenciación en sí desprovista de un fondo ideológico, algo de lo que por desgracia creo que ya se aprecian algunos síntomas y que, tengamos por seguro, los mandamases de turno tratarán de aprovechar para que no nos unamos en torno a lo que históricamente temen (las reivindicaciones de clase, esa palabra tan maldita hoy en día).
    En fin un debate que daría para hablar largo y tendido y no a través de un blog desde luego. Espero que aprovechar tu espacio para esta pequeña reflexión no te haya molestado. Nos seguimos leyendo Eva. Un abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues estás en lo cierto, Jorge, este texto es de un marcado cariz reivindicativo, por supuesto, pero no te equivoques, porque hasta dudé en publicarlo, puesto que yo no soy así. Su protagonista es quien esgrime sus opiniones a diestro y siniestro, y esto entronca con la segunda parte de tu comentario. No me ofendes en absoluto, al contrario, me encanta que cada uno deje su impronta en mi blog como mejor le plazca, no todos pensamos igual, y en eso precisamente radica lo interesante del asunto.
      Te diré que una lesbiana feminista es lógico que conserve parte de sus argumentos interiorizados, por mucho que se haya relajado su vena combativa al compartir cama con su pareja (recuerda el dicho de dos que duermen en un colchón...) y sobre todo al ser madre de un niño.
      Aunque también te diré, por otro lado, que pese a considerar a los demás como personas —siempre independientemente de su sexo—, sí que es cierto que no podemos retrotraernos de lo que nuestras neuronas han aprendido por ciencia infusa, digamos (conocimientos adquiridos al vivir inmersos en una sociedad determinada).
      Citaré un vídeo de la BBC que he visto estos días a propósito del 8 de marzo. En él se proponía un acertijo a diferentes hombres y mujeres de diversas edades, razas y condiciones. Un padre y un hijo van en un coche y sufren un grave accidente, en el hospital el padre muere y el niño necesita una compleja operación de emergencia para salvarle la vida. Una eminencia médica declara no poder operarlo porque se trata de su hijo. Todos y cada uno de los entrevistados reaccionan de forma semejante, aturdidos ante el contrasentido declaran que es imposible, o bien comienzan a esgrimir teorías del tipo: será que es su hijo adoptivo, será que el padre del coche es un sacerdote, etc. A nadie se le ocurre esgrimir la solución más simple, se trata de su madre. Una experta comenta que es lógico que así suceda, incluso tratándose de una mujer de profundas convicciones feministas la entrevistada, porque nuestro cerebro asocia directamente algo que tenemos interiorizado. Doctor (eminencia médica en este caso) = hombre.
      Bien, Jorge, tampoco soy amiga de generalizar, no me gusta hablar de nosotras y de ellos así a bulto, porque hay casos y casos. Un profesor de Historia de la facultad solía decirnos que los alumnos de colegios, institutos y universidades públicas son más listos (que no inteligentes) que los que estudian en centros privados, por el mero hecho de tener que espabilarse ante la diversidad de su profesorado, cosa que en los privados no ocurre, porque suelen estar cortados por él mismo patrón o ideología (así son elegidos para su cargo).
      Pese a ser una generalización, es cierto que tiene una base contrastada en la experiencia (del catedrático en cuestión además por su dilatada carrera como docente), por lo que entramos entonces en el campo de la sociología. No hablemos de un plus, sino te parece oportuno, pero no me negarás que superar determinadas brechas económicas y sociales tiene su mérito. Puesto que los ricos parten de un lugar avanzado hasta el que deben ascender los menos favorecidos para alcanzarlos.

      (Mi respuesta continúa en sucesivas entregas, que Google no me permite escribir tanto seguido, jajaja)

      Eliminar
    2. Que el matemático Ramanujan consiguiera ser miembro del Trinity College en aquella época, siendo de la India y de extracción extremadamente humilde, lo tiene tanto o más para mí que que fuera poseedor de una prodigiosa inteligencia. Aquí no estaría de más hacer referencia a que su esposa tenía que valerse de alguien para escribirle las cartas durante su larga estancia en Inglaterra, porque no sabía leer ni escribir.
      Retomamos la distinción de sexo. Entre las clases más pobres siempre se favorece a los hombres, puedes incluso comprobarlo en algo tan básico como la alimentación. En África se amamanta al hijo varón durante cuatro años, a las hijas tan sólo dos. Habiendo tanta escasez de alimentos y agua, se raciona la mayor cantidad para el individuo que consideran que será de mayor utilidad. El hombre. No es difícil imaginar quién tendrá prioridad para acceder a los estudios (como por otra parte pasaba aquí hasta no hace tanto tiempo). En EEUU prefirieron que ocupara el sillón de la Casa Blanca un negro antes de ver allí sentada a una mujer. Ahora ya sabemos qué bajo han caído para evitarlo de nuevo...
      Tuve una compañera durante el doctorado que era de origen brasileño, ella decía que no había nada peor que ser pobre, mujer, y negra. Doy fe de que era una persona acomplejada que no se atrevía a mirarnos como iguales pese a ser académicamente semejantes, porque era mestiza de indio nativo y negro, la mezcla de razas más desprestigiada en su país.
      Pero no hay que ir tan lejos para encontrar ejemplos sobre ese plus añadido al que hacía referencia. Una amiga mía, algo más joven que yo, tenía que hacerse cargo de las tareas domésticas al volver del instituto porque sus padres regentaban un bar. Sus dos hermanos mayores (chicos los dos) no hacían ni su cama, por eso me parece que tiene más mérito ella al sacarse una diplomatura técnica que su hermano mayor al hacer lo propio en Relaciones Laborales. Igual que considero que una catedrática de Literatura Española a la que conocí, tuvo que cargar más a sus espaldas al hacer su tesis y su oposición a la plaza que ocupa embarazada de mellizas, que que su marido al llegar a trabajar como Ingeniero Industrial en una conocida empresa de astilleros ferrolana.
      Quiero decir con esto, Jorge, que no soy amiga de saber conclusiones precipitadas, y mucho menos de generalizar, pero creo que los “días de” se celebran precisamente para poner en el punto de mira un problema, el de la mujer y la niña en la ciencia del pasado 11 de febrero es otro ejemplo, y tú como Ingeniero en Telecomunicaciones podrás dar fe de la escasez de compañeras de clase que has tenido durante la carrera, ya digo, no es algo causal, sino que forma parte de lo asimilado socialmente durante muchos años.
      Déjame que te hable de un último caso, y prometo que será el último, Virginia Woolf en Orlando crea un personaje que nace hombre y se convierte en mujer en la edad adulta de un día para otro. La autora hace hincapié en todo las libertades y derechos que pierde, a pesar de ser un noble como es, evidentemente a raíz de estar escribiendo en esos momentos Una habitación propia, uno de los tres textos fundacionales del feminismo. Virginia siempre defendió que no se trata de enfrentarse a los hombres, y por ello la admiro tanto, además de por su lúcido análisis histórico.

      Eliminar
    3. El caso de Orlando me recordó de inmediato uno real que salió a la luz hace ya bastantes años. Unos padres preocupados porque su hija adolescente todavía no menstruara decidieron llevarla al médico haciendo frente a unos gastos excesivos para su escasa economía. Resultó que la chica jamás podría hacerlo porque en realidad era un chico, cuyos genitales habían permanecido ocultos bajo su piel por una anomalía genética. La prensa internacional se hizo eco de la operación, que realizó de manera gratuita un prestigioso médico de su país, la India. Realizaron un documental, en el que se veía que “ella” trabajaba cosiendo después de clase en una empresa textil junto a su mejor amiga. Tenían suerte, sus padres les permitían ir al instituto siempre que realizaran su jornada al completo después. Ni que decir tiene que sus horarios y sus jornadas extenuantes no eran adecuados para unas niñas tan jóvenes, pero es nuestro punto de vista occidental, claro, allí tienen otras prioridades (como conseguir dinero para tener algo que llevarse a la boca).
      Tras la operación le hicieron otra entrevista, ya vestido como un chico de su edad, sin el Shari que había llevado hasta hacía poco tiempo. Le preguntaron sobre sus perspectivas de futuro, ahora que ya no iba a poder continuar con su trabajo en la fábrica donde sólo lo hacían mujeres. Dijo que su padre ya le había buscado un puesto donde trabajaba él y que había pedido la mano de su mejor amiga a sus padres. Al preguntarle por sus motivos, explicó que porque era la persona a la que más quería aparte de a sus padres y a sus hermanos. Y porque pretendía redimirla de la vida que le llevaba. “Yo fui mujer, y sé lo que eso significa, así que no deseo que mi esposa sufra por serlo nunca más.”
      Creo que sobran palabras, Jorge, y que mi antiguo profesor de filosofía no se equivocó demasiado con la estimación de cuantos siglos faltan para la igualdad total. El debate da para mucho más, no obstante sólo te llevo la contraria en una cosa, este blog es tan buen sitio como otro cualquiera para llevarlo a cabo, porque de lo que se trata es de decir lo pensamos, da lo mismo dónde.
      Muchas gracias por leerme, y por darnos tu percepción de los hechos, porque ese trayecto nocturno al que te refieres me trajo a la memória el pánico que ocasionó entre nosotras una violación que sufrió una estudiante en los alrededores del CUVI cuando se dirigía a clase a esas intempestivas horas de la mañana en las que todavía es noche cerrada. Sí, yo también anduve por tu tierra...
      Lo dicho, querido Jorge, un abrazo enorme, porque más hombres como tú son los que nos hacen falta :)

      Eliminar
    4. Se agradece Eva que seas una persona abierta al debate, capaz de aceptar otros puntos de vista y contra argumentarlos si lo ves necesario, en estos tiempos del absolutismo de las ideas no es lo habitual. Eso dice mucho en favor tuya. Tampoco es mi intención abrir un debate en el blog de una compañera, pero bueno este no deja de ser un relato de opinión al fin y al cabo. No es necesario demostrar la discriminación que habéis sufrido y sufrís todavía las mujeres a lo largo de la historia, creo que esa no es una cuestión de opinión sino de información, cualquiera puede verlo, al igual que es obvio que queda mucho camino por andar. A mi modo de ver el debate es otro.

      Pones como ejemplo la mayor capacidad de los alumnos de los centros públicos contra los privados. Este es un hecho contrastable, todos los años en las pruebas de selectividad los alumnos de colegios públicos lideran éstas pruebas. Se podría argumentar que hay más alumnos cursando estudios en colegios públicos, pero si la educación privada fuese de mayor excelencia como argumentan algunos este hecho sería irrelevante pues los mejores alumnos de la privada serían mejores que los mejores de la pública. Por otro lado los alumnos de la privada tienen mejores medios económicos, no sólo en sus hogares sino en los propios centros, con lo que esto en teoría igualaría las dos situaciones. El argumento de tu profesor intenta explicar de manera lógica una realidad contrastable. Y yo que he estudiado en la pública y en la privada te podría dar muchos más argumentos que apoyasen esta idea, pero ese es otro debate. Por otro lado en este caso no se está haciendo una diferenciación de género, ni tampoco una diferenciación de distintos colectivos (los alumnos lo son estudien en la pública o en la privada), por lo que la comparación no es equiparable.

      El problema del argumento de género es el contrario, parte de una realidad no contrastable pero que se da como cierta (a igualdad de condiciones las mujeres pueden desempeñar mejor su trabajo que los hombres porque parten de una situación de mayor discriminación) para justificar una idea preconcebida (la superioridad de un sexo frente al otro). Fíjate que lo mismo se podría argumentar en sentido contrario: los hombres están más capacitados para desempeñar tareas laborales que las mujeres porque desde tiempos inmemoriales han desempeñado este tipo de tareas, mientras que las mujeres se han incorporado recientemente al mundo laboral, e incluso podríamos añadir una mayor fortaleza física y hasta mayor control emocional. Este ha sido el argumento imperante hasta no hace mucho, y lo es todavía en la mentalidad de muchos hombres y mujeres. ¿Quién tiene razón? Yo lo tengo claro, ninguno de los dos razonamientos la tiene porque parten del mismo supuesto, tratan de adaptar una realidad no contrastable a una idea preconcebida.

      Yo estoy convencido de que una visión de la sociedad que no sea dual es una visión errónea, y por eso reniego de este tipo de argumentos que pretenden establecer la superioridad de uno frente al otro, sea en uno u otro sentido. Lo he vivido desde pequeño (he estudiado en un colegio del opus) y la misma actitud de superioridad masculina y separación entre sexos que he visto me parece igual de denunciable cuando se da en sentido contrario. Si a esto añadimos que hay una tendencia preocupante a cobijar las históricas reivindicaciones de clase (comunes a la inmensa mayoría de la sociedad) bajo el paraguas de otras ideologías con connotaciones más sesgadas (lo hemos visto en la reciente crisis nacionalista) ya tenemos el lío montado, una idea más política si quieres y más compleja de desarrollar pero no por ello menos preocupante.

      En fin, es mi visión de las cosas. Yo creo que en el fondo tenemos más puntos de vista en común que al revés, pero este matiz a mí me parece importante. Besos desde el sur del norte!

      Eliminar
    5. Es que estamos de acuerdo, Jorge, jajaja, creo que me has malinterpretado cuando aludí a los alumnos de los centros públicos... estaba refiriéndome precisamente a que para mí es una cuestión de mérito propio (el plus añadido sobre el que hablábamos), más que de género, y de ahí que coincidamos en el resto, ya que yo también he tenido que sufrir el acoso y derribo del Opus, en un centro público para más inri.
      De todos modos, aunque no estuviera de acuerdo contigo estaría encantada de dialogar sobre el tema, por supuesto, estás en lo cierto cuando aludes al absolutismo que nos impone lo que debemos pensar y opinar. En este caso, coincido contigo, como ya expreso en el relato, en ver que ambos sexos somos iguales, de hecho la alusión a esa diferenciación contra la que arremete Virginia Woolf en la obra que te comenté, pues la hago de forma irónica mediante el comentario: "como ellos creen que estamos por encima —puesto que de otro modo no se explica que ellos sí nos pisoteen—". Porque intentar probar quiénes somos mejores o estamos por encima es como la pescadilla que se muerde la cola, o si me lo permites, una perogrullada del quince, como bien argumentas tú mismo en tu comentario más reciente. Yo de lo que intentaba hablarte es de esa brecha que hay que superar y a la que tú aludes sobre si los ricos van un paso por delante, por eso utilicé el ejemplo de Ramanujan, un hombre que merece todos mis respetos por haberlo logrado teniendo todo en contra, lo único que te indicaba, es que si Ramanujan fuera una mujer dudo que lo consiguiera. Si te interesa esta argumentación te recomiendo leer el ejemplo que pone Woolf en Una habitación propia, sobre qué le pasaría a una hipotética hermana de Shakespeare si quisiera emularlo siguiendo uno por uno sus pasos (un joven también de extracto humilde que llegó a lo más alto, y sobre el que siempre sobrevoló la duda de si se trataría de un aristócrata utilizando un pseudónimo, porque los popes de la literatura durante siglos eran incapaces de admitir que un don nadie fuera el autor de unas obras tan magníficas).
      Tu visión de las cosas es tan respetable como la de cualquiera, Jorge, y por eso me encanta que la expongas sin tapujos, porque este es un tema sobre el que todos tenemos nuestra opinión formada, y es muy interesante poder debatir sobre ella, en mi blog o en un café al abrigo del temporal que tenemos encima ;)
      Besos desde el Norte del Norte :)

      Eliminar
  10. Da gusto leeros, en serio (Eva y Jorge), me haceis pensar... con lo poco que me gusta a mi pensar ;)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si si, que te gusta poco a tí pensar Isabel ;)

      Eliminar
    2. Raro es que no metas baza, conociéndote... jajaja, estarás vaga hoy ;) ¡Gracias por aguantarnos! (al menos a mí que me enrollo como una persiana)

      Eliminar
  11. Sólo puedo añadir que lo has dicho tan bien que nada queda por añadir. Te envío un abrazo y mi admiración de siempre, querida amiga.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Espero que no te haya asustado la respuesta kilométrica a Jorge y por eso no digas mucho más no vaya a ser... jajaja. Eres muy generoso conmigo, Juan Antonio, de verdad, gracias por leerme y atreverte a comentar estando la cosa como está ;) Abrazos de sábado :)

      Eliminar
  12. Te doy la mano Eva, en una metáfora de ánimo, ... a ti y a todas las mujeres...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y yo te doy un apretón de manos en nombre de todas nosotras, Norte, gracias por tu apoyo y por los ánimos, que nunca están de más. ¡Feliz fin de semana!

      Eliminar
  13. Tengo que reconocerte que cuando vi la película Armas de mujer por primera vez me gustó. Creo que no resiste una revisión hoy en día, y tengo que decir que tu reflexión al principio me ha hecho que la mire de otra manera. Para empezar S. Weaber interpreta a la mujer autoritaria y Melanie a la dulce, sensual y tierna. Dos estereotipos muy forzados. Como siempre las mujeres son todas "así" o "así", sin matices ni tonalidades. Es algo que no soporto. Las mujeres nos unimos para conseguir o luchar pero somos individuos cada uno de su padre y su madre. Otra de las cosas que más rabia me da es el hecho de tener que sentir miedo al ir solas por la noche o por sitios poco frecuentados; ese miedo le he tenido y le sigo teniendo. Mi particular batalla terminará (como el de muchas) cuando deje de tener esa sensación.
    Me ha encantado tu relato, Eva, y me ha hecho pensar mucho como ves.
    Un besazo, guapísima.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, Ziortza, la crítica a la película es algo exagerada porque la protagonista es combativa, pero sí que recuerdo lo poco que me gustaron cuando la vi en su momento los estereotipos a los que tú misma aludes. Es cierto que las actrices bordan su papel, pero me pone de los nervios precisamente eso, que seamos todas vistas como mujeres ángeles o mujeres demonio, cuando como bien dices, somos cada una diferente, y menos mal, sino que aburrimiento, por favor.
      Creo que es una de las conquistas primordiales que debemos conseguir, lo de poder viajar o salir de noche solas sin necesidad de guardaespaldas. Cada vez que desaparece una chica que estaba haciendo lo mismo que cualquier chico de su edad hace sin mayor problema, turismo sola, recuerdo que cuando yo era una cría se hablaba maravillas del Interrail. Te vendían que podías visitar toda Europa en tren, y todas soñábamos con poder hacerlo algún día, hasta que ante la cruda realidad se te caía la venda de los ojos al alcanzar cierta edad en la que ya podrías hacer el viaje con tus compañeras de instituto. ¡Ni en broma iréis por ahí solas!, era la respuesta de los padres, y te corroía la envidia al ver que el grupo de chicos de turno sí que lo hacía sin más. Y lo mismo ocurre con los trayectos nocturnos de vuelta a casa por lugares poco iluminados, yo no soy miedosa, pero me pasa como a ti, la adrenalina te obliga a estar en tensión por si sucede, porque sabes que sucede con demasiada frecuencia.
      Me alegro de que te haya gustado, Ziortza, y te agradezco que te hayas pasado a leer y comentar.
      Un besote, corazón.

      Eliminar
  14. Muy buen relato Eva y muy interesante debate el generado.
    Es evidente que hombres y mujeres somos iguales y también lo es, que somos diferentes y para mí es desde la diferencia que hemos de reivindicar nuestros derechos. No creo que se trate de "luchar" contra los hombres, se trata de eliminar políticas y maneras de hacer que no ayudan a ser iguales. No se trata de que las mujeres hagamos como en la película que comentas, no, se trata de reivindicar nuestra manera de hacer que puede ser diferente e igual de buena.
    En esa película veíamos estereotipos y parecía que para triunfar se debía ocupar ese papel agresivo que se asocia al triunfador masculino. Estas navidades leí un libro de un periodista sobre Islandia, que según él era el mejor país del mundo para ser mujer, allí las mujeres dieron un vuelco a una economía en crisis dirigiendo el país como mujeres, creo que ese ha de ser nuestro modelo, no renunciar a nuestra manera de hacer las cosas.
    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estoy totalmente de acuerdo contigo, Conxita, es más he visto un reportaje sobre la manera de encauzar las cosas en Islandia y es muy esperanzador, que haya un país en el que las mujeres tomen las riendas, aparte de que será tremendamente interesante ver cómo evolucionan las cosas allí, para saber si podemos seguir su ejemplo en el futuro. Muchas gracias por leerme y darme tu opinión, es muy importante para mí, sobre todo porque me anima a seguir escribiendo y si aún encima eso nos lleva a reflexionar acerca de los temas que nos preocupan ahora mismo, mucho mejor. Un beso, guapísima.

      Eliminar
  15. Un relato de lo más adecuado para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, Eva. Solo en una cosa disiento de tu prota, y es que a mi marido y a mí nos encanta la peli "Armas de mujer". Yo, supongo que nosotros, hacemos una interpretación bastante diferente del argumento y de los papeles que interpretan las actrices. Está anticuada, claro que sí, no se puede ver con los ojos de hoy en día porque si no te da un ictus, pero es taaaaaan romántica y Melany se sale al final taaaaaan bien con la suya... (suspiro).

    Bueno, el caso es que me ha gustado mucho tu relato. No se trata de que seamos iguales a los hombres, porque no lo somos, se trata de que todos tengamos las mismas oportunidades de llegar a los mismos sitios y, si llegamos, nos valoren exactamente igual obteniendo iguales recompensas. Tenemos nuestra propia forma de hacer las cosas, pero si nos niegan la oportunidad de intentarlo siquiera...

    ¡Un beso reivindicativo y feliz comienzo de semana!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo entiendo perfectamente, Julia, como le decía a Ziortza, la protagonista exagera un poco la dicotomía entre los papeles antagonistas, pese a que ahí está y, como bien apuntas, a la película no le sientan demasiado bien los años, ni las miradas desde nuestra perspectiva actual, jeje.
      De todos modos coincido contigo en que no se trata de que nos corten por el mismo rasero, ya que somos diferentes, tanto de los hombres como entre nosotras mismas, pero sí de que se use la misma vara para medir, que es muy distinto...
      Besos reivindicativos de vuelta ;) y felicidades por tu nuevo blog, guapa :)

      Eliminar
  16. Ya estoy aquí, Mami. Ya estoy.

    Pues qué puedo decir. Yo vengo de un matriarcado.
    En mi familia las mujeres mandan sin pisotear a un hombre. Simplemente hay como una ceremonia de cortejo, de pleitecía. Un culto a lo femenino ya que fue allí donde empezaron nuestras vidas de hombres.

    ¿Qué me enseñaron esas mujeres?

    A tratar con caballerosidad a las mujeres. La casa es una comuna y es de todos, así que todos, no hay sexos, todos es todos, trabajan por igual para que la comuna funcione, y cada uno pone su aportación, todas son buenas.

    La igualdad empieza en el ámbito familiar. Pero si los hombres de hoy no se suman a la causa de educar,educar es de dos, pues si no hay otro remedio desearía que las mujeres educaran a esos hombres futuros como hombres respetuosos y tolerantes y no como reyecitos que tendrán que enfrentar luego una sociedad a la que querrán imponer su reinado.
    En mi casa, en la que yo crecí, trabajabamos todos por igual en las tareas del hogar: hombres y mujeres: juntos. No había diferenciación ni en las tareas domesticas ni en los derechos de cada cual ni en nada porque mi abuela, que era quien mandaba, y mi mamà no lo permitían. Creo que esa labor de la que tú hablas y yo hablo debe hacerse en mancomunidad y no por separado.

    Lo de la brecha salarial me parece una idiotez garrafal, si alguien demuestra estar capacitado para determinada labor es por ello por lo que se le tiene que remunerar sin tener en absoluta cuenta su sexo. Qué mas da si uno es macho hembra, hermafrodita o protomacho.

    Esa es mi opinión personal. Ahora la de escritor, pues mire usted, este es uno de esos relatos en los que el autor esta cómodo. Se nota en el ritmo de la lectura. En el lenguaje al de la voz protagonista, suelta.

    Definitivamente, el humor forma parte de ti. Le sienta de maravilla a tus textos. Y así se siente desde este lado de la pantalla. Risas las que me tirado con el asunto del rabo.

    Me gustó mucho lo de hoy. Bueno, alguna vez he dicho que ser gay o lesbiana no tiene en lo absoluto nada que ver con la hombría o la femenidad, si no con la manera en la que vivimos el sexo que es diferente. Me ha encantado percibir ese reflejo humano dentro del monologo del personaje.


    Namasté.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Ay! Olvidé decirte que tampoco he visto esa pelo. Que no nos ponemos de acuerdo contigo mi cine y yo, vaya.

      Abrazo largo.

      Eliminar
    2. No te pierdas mucho con no haberla visto, John, jajaja, sé que alguna me lanzará una piedra, pero es lo que pienso, a no ser que te interese verla precisamente para comprobar lo mal que pasa el tiempo por ella, y no lo digo por los cardados de las protagonistas. ¡Bienvenido, papi! Qué bueno tenerte de vuelta, ya me fui directa a tu blog por si habías publicado, pero no, no te has decidido a volver del todo... todo se andará. Pero vamos a lo nuestro, me encanta que nos ofrezcas tu versión de los hechos, es una riqueza contar con la diversidad cultural, y por eso te agradezco tantísimo que me leas y me digas lo que piensas, siempre. Aunque no estemos de acuerdo, siempre me gusta saber tu opinión. En este caso lo estamos y mucho, la base de una buena educación es la familia, y en tu caso pues has tenido una suerte bárbara, corazón, qué quieres que te diga. Yo no me quejo, que conste, y eso que mi padre era militar y machista hasta la médula, bueno, hasta que tuvo cuatro hijas y no le quedó más remedio que apencar con las consecuencias. Y la última fue la gota que colmó el vaso, servidora, que le salió reivindicativa y llegué cuando ya tenía nietos, y hasta le dijeron que iba a ser el varón que tanto ansiaba. Pero no, nací yo, y mi madre enfermó y me no le quedó otra que criarme él. Y lo hizo como si fuera un niño. O sea, genial. Me enseñó a coger un martillo sin romperme un dedo al clavar un clavo, ni al taladrar, ni al usar la cortadora del césped, ni al subirme al tejado para arreglar las goteras cuando él ya estaba demasiado viejo para hacerlo solo como hasta ahora. Mi madre puso el grito en el cielo porque una señorita no podía hacer según qué cosas, pero él le explicó que alguien tendría que encargarse de recoger su testigo, y así fue. Por eso coincido contigo en lo de que la hombría o la femineidad dependen de otras cosas aparte del sexo. Eso sí, también fue "moderno" en algo más, contra todo pronóstico él no puso el grito en el cielo cuando me eché mi primer novio a los catorce, se quedó mucho más tranquilo porque así ya tenía quién me acompañara a casa al oscurecer... en eso no ha cambiado mucho la historia, por desgracia.
      Me alegro de que te haya gustado, de verdad, porque es un placer leer tus comentarios, y me hace feliz que disfrutes con lo que escribo. Un abrazo larguísimo y apretado :)

      Eliminar