jueves, 11 de enero de 2018

Uno de los nuestros



Agradecí los cinco minutos de retraso con los que me obsequiaron, los justos para darme tiempo a hacer una última ronda a fin de cerciorarme de que todo estaba en regla. Eso esperaba, al menos, tragué saliva antes de dirigirme a abrir la puerta. No llamaron, me llegó un mensaje con un escueto: “Estamos arriba”, y noté el sudor frío empapándome la frente. Usé una toallita para adecentarme, debía estar lo más presentable posible y preferí evitar humedecer las mangas de mi camisa de franela. Revisé mi aspecto en el espejo de la entrada, constaté que estaba un poco más pálido de lo habitual, lo lógico dadas las circunstancias, y no me dio la impresión de tener nada fuera de lugar de cintura para arriba. 

“Nos han abierto el portal,” alegó uno de ellos en voz baja, “mejor así, ¿no crees? Íbamos a contactarte por el móvil de todas todas”. El que tomé por el líder desde el principio se limitó a hacerme un ademán con la cabeza a modo de saludo. Les pregunté si querían tomar algo y me chistaron para que permaneciera en silencio. Entonces él sacó un pequeño cuaderno y un bolígrafo del bolsillo, dando por sentado que irían al grano. “Nada de preámbulos, entiendo”, se me escapó con los nervios, y su mirada amenazadora me obligó a tragarme mis palabras. Cállate, imbécil, que te la vas a cargar, me dije forzando una sonrisa. Mi mueca debió resultar grotesca porque el tercero me sonrió divertido, con aire socarrón, sentí de nuevo la pegajosa humedad en mi rostro.

El jefe me observó detenidamente durante un buen rato, apuntó algo en su bloc de notas después de soltar un par de bufidos. Escruté su expresión en busca de un significado, pero sería incapaz de decir si era de aprobación o no. Su rictus severo no me daba muchas esperanzas, la verdad, y la mancha de tomate que advertí en mis pantalones tampoco, porque enseguida frunció el ceño indicándome que guiara la comitiva. De camino a la cocina pasó un dedo por el aparador del recibidor, y recordé a mi madre cuando venía a verme a mi piso de estudiante. Un escalofrío me recorrió la espalda, menos mal que había limpiado el polvo el día anterior… Lo que no tuve fue demasiado margen para recoger las cosas antes de que llegaran, los platos y cuencos de la cena todavía estaban en el fregadero, la mesa lista, eso sí, aunque con un par de montoncitos de camisetas, bodies, y pijamas doblados, porque todavía estaba organizando la ropa de la colada y dejé la cesta con la seca sobre una de las sillas. En la terraza había tendido la mojada, y el tambor entreabierto permitía comprobar que la siguiente lavadora esperaba lista para ser programada.    


Me fijé en que algunas páginas estaban ya escritas y que simplemente ponía cruces o rayas en los cuadraditos destinados a tal efecto. El salón estaba intacto desde la víspera, Javi se tiró gran parte de la papilla por encima, tuve que prepararle otro cuenco, y Pepa prefirió hacernos compañía mientras lo bañaba otra vez en lugar de ver un poco los dibujos antes de acostarlos. Ella se quedó frita enseguida, ya estaba cansada cuando la recogí del colegio, pero a él me costó lo mío conseguir dejarlo en su cuna. Unos cuantos paseos por toda la casa cantándole el himno del Barça –y eso que yo soy de su eterno rival, pero es el único que me sé–, mientras miraba el reloj desesperado porque la hora señalada se aproximaba y el crío no se quedaba dormido ni a tiros. La chica de la guardería me dijo que estaba un poco pasado de rosca, que igual estaba cocinando algo, y solo cruzo los dedos para que no se despierte con fiebre justo ahora, porque vamos a entrar en su cuarto.

El osito de Pepa estaba en el suelo y su manita colgaba de un lado de su cama extensible. Mientras sean pequeños me gusta que compartan dormitorio y la suya le llega de sobras por el momento, ya le pondré el colchón grande cuando crezca. Me acerqué para arroparla y se dio la vuelta, por lo que aproveché para ponerle a Nilo entre los brazos. Le llama así porque le gustó el nombre del río que me recorrí de cabo a rabo poco antes de ir a buscarla al orfanato. Por Javi no tuve que ir tan lejos, después del período de acogida nadie se interesó por él ni por su labio leporino, y a nosotros nos vino genial. Congeniaron desde el primer día, y hasta hay quien me pregunta si son mis hijos biológicos, lo cierto es que la gente no se fija demasiado en la diversidad de colores de nuestra piel al vernos juntos.  

El cuarto de los juguetes estaba ordenado a conciencia, dejamos a Javi en la trona ocupado con el sonajero mientras Pepa y yo hicimos recuento de filas, para evitar a toda costa que nos quedara algún muñeco fuera del baúl. Los cuentos en la estantería, y los lápices y las pinturas en sus botes, con los papeles y libretas recogidos en el cajón. Encontramos todo en su sitio, y hasta les expliqué en un susurro que estábamos empezando un mural en la pared del fondo. Mis dibujos de línea van rellenándolos los peques a su antojo, y he de reconocer que tienen buena mano para combinar los tonos, a juzgar por las primeras figuras que están terminadas. Eso sí, solo lo hacemos el fin de semana, porque Javi suele acabar literalmente pintado de témperas de los pies a la cabeza. 


El vapor aún ahumaba el espejo del baño debido a la ducha doble, pero por lo demás estaba más o menos colocado. Los juguetes a secar en su red, y las toallas y demás en el cesto de la ropa sucia. Pepa me ayudó recogiendo los peines y cepillos de dientes, y hasta perfumó el ambiente con su agua de colonia después de mudar el pañal de Javi. Estaba consiguiendo regular el ritmo de mi respiración cuando el sonoro ¡CUAC!, nos sobresaltó a todos. El de la mirada socarrona recogió el pato de goma que acababa de pisar, el jefe volvió a fruncir el ceño y yo suspiré decepcionado conmigo mismo. ¡Cómo se me había podido olvidar su patito preferido! Me remangué la camisa para enjuagarlo en el lavabo y dejarlo a secar con el resto del zafarrancho de combate. El pulpo azul me miró compungido, entendiendo lo complicado de mi situación. 

Y lo peor estaba por llegar. Aquella mañana me había levantado antes incluso de lo normal para dejar mi cama hecha y mi cuarto listo, por eso no me digné a revisarlo en esos cinco minutos extra. Lo primero que se ve al abrir la puerta es precisamente la cama, y a Pepa no se le había ocurrido mejor cosa que utilizarla para servirles el té a sus amigos invisibles. Son cuatro, nada menos, y las pastas que cogió de la alacena para ofrecérselas como buena anfitriona dejó un inevitable rastro de migas sobre la colcha, además de algún que otro manchurrón de chocolate, por haberse limpiado sus deditos tras la maniobra. No sé yo si le darían el carnet de manipuladora de alimentos, ahora el de protocolo y etiqueta, seguro, a juzgar por la laboriosa presentación con que agasajó a sus comensales. Ella, Javi, y yo mismo incluidos, porque siete tacitas esperaban a ser rellenadas con el agua tiznada de cacao que utiliza para hacer las veces de infusión, y que únicamente un verdadero milagro había mantenido en el interior de la inestable tetera sin derramar ni una gota. 

El carraspeo del líder puso punto y final a la inspección, a esas alturas de poco valdría que me volviera loco recogiendo aquel desastre. La suerte estaba echada. Los conduje hasta el salón para permitirles deliberar, y los dejé allí para acabar de doblar la dichosa ropa de la secadora, además de así tratar de templar mis alterados nervios. Tampoco es que aquello fuera a ser la muerte de nadie, ¿o sí?, otro escalofrío me recorrió la espalda. Lo que sí me fastidiaba era haberla cagado tan estrepitosamente por confiado. ¡Cómo se me habría olvidado revisar mi dormitorio! ¡Con lo que le gusta a Pepa meterse en mi armario y probarse mi ropa! ¡O imaginar que participa en las olimpiadas, emulando los vídeos de mi admirada Kostadinova, lanzándose al vacío desde la mesilla a la cama infinita! En fin, de nada me sirve ya lamentarme… Irrumpieron en la cocina interrumpiendo mis cavilaciones, y me puse en pie para escuchar el veredicto.


“Habiendo examinado todas las pruebas in situ, y tras haber interrogado a amigos, familiares, e incluso vecinos,” comenzó el jefe con su voz nasal en un tono más bajo de lo acostumbrado, “procedemos a comunicarle”, el usted se lo sacó de la manga para aumentar el rigor de su discurso –y a decir verdad logró acongojarme más de lo que ya estaba–, “que a partir de ahora el certificado oficial de PSTT estará en su poder con todas sus ventajas y obligaciones, por sus más que demostrados méritos propios.” La sonrisa final que acompañó a semejante declaración fue la que logró despertarme de mi aturdimiento. “¿O sea, que lo he conseguido?”, pregunté algo inseguro. “¡Claro, hombre, ya eres uno de los nuestros!”, el socarrón me propinó un buen manotazo en la espalda a modo de felicitación, aunque mis noches de insomnio hubieran preferido que fuera menos entusiasta. “Sin haber cotejado los datos, me atrevería a decir que eres el candidato que mejor nota ha obtenido”, comentó el que envió el mensaje a mi móvil para evitar despertar a los niños con el timbre de la puerta.  

“¿Y PSTT qué significa exactamente?”, me preguntó mi hermana ese domingo en la acostumbrada comida familiar. “Padre Soltero TodoTerreno”, le aclaré mientras limpiaba de espinas el pescado de Pepa al mismo tiempo que le metía una cucharada de compota de frutas a Javi en la boca. Su carcajada me obligó a explicarle que en un principio habían pensado en PSSP (Padre Soltero Sobradamente Preparado), pero no quisieron hacer publicidad de aquel viejo anuncio y finalmente optaron por PSTT. “¿Y qué beneficios te reporta haberlo obtenido?”, insistió con cara de risa y entrecerré los ojos despectivo. “Pues mira, cariño, para que te enteres, somos muy capaces de valernos por nosotros mismos, y por eso hemos montado una organización de ayuda mutua. Claro, hay que estar a la altura de los demás, no vale que seas un inútil y no puedas contribuir recíprocamente en función de las necesidades del resto… ¡de ahí la necesidad de conseguir el imprescindible certificado de aptitud!” “Si me lo traduces igual me entero de algo”, su ironía iba a hacerme perder la compostura de un momento a otro, aunque me contuve delante de los críos. Mis sobrinos tampoco me quitaban el ojo de encima. 

“Tú no lo entiendes porque vives aquí y mamá te queda a tiro de piedra, pero yo estoy solo en la jungla de asfalto, como la llamáis, así que no me queda otra que recurrir a lo que sea. Ahora ya puedo dormir tranquilo, porque si alguno se me pone enfermo y me es imposible pedirle otro día más al jefe sin riesgo de que me despida, los chicos de PSTT me enviarán a alguien para que se haga cargo de ellos… otro padre como yo, vamos, acostumbrado a arreglárselas solito, que esté disponible por estar de vacaciones, o que tenga también a alguno pocho y no le importe hacerse cargo de uno más.” Me miró con cara de alucinada y seguí regocijándome en las perspectivas futuras que se abrían ante mí: “Sí, y también hay un servicio especial de vigilancia nocturna, por si tienes una cena de empresa a la que asistir sin falta; por no hablar del bonus a mayores “amor fase preliminar”, es decir, cuando encuentras pareja y todavía no estás preparado para traértela a casa con todo el lote, te hacen de canguro hasta que se estabilice la cosa…” Mi hermana se acabó el vino de su copa de un solo trago. “Entre nosotros no hay necesidad de explicaciones, es tú un día por mí y yo otro por ti, cariño.” Su cara de envidia me lo decía todo, y mi sonrisa de oreja a oreja a ella también.


by Eva Loureiro Vilarelhe

23 comentarios:

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  2. Me ha parecido una vuelta de tuerca muy acertada lo de la asociación PSTT.
    Cualquier duda de estos, cualquier... Je je je

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    1. Ya se sabe, los hombres unidos jamás serán vencidos, jajaja...
      Un saludo, Jean Yves, y gracias por leerme y dejar huella ;)

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  3. Ah;Stefka Kostadinova,uno de mis mitos atléticos.Extraordinaria atleta.Su récord del mundo (2.09) aun continúa sin ser batido ¡más de 30 años después! (Roma,30.8.1987).
    Esta es la literatura;poder de evocación (y magadalenas...).Gracias,Eva.
    Me gusta que trabajes los detalles,Eva,como hacía Flaubert;que sí un personaje suyo cogía el tranvía en un año determinado,pagaba justo lo que costaba ese año,tras una minuciosa investigación del autor.
    Me agradan mucho tus relatos;gracias de nuevo.

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    1. Digamos que me gusta la precisión atmosférica, jajaja. Sí, si por ello me parezco a Flaubert, pues bienvenido sea, jajaja, no te voy a decir que no, pese a que me falta lo mío para estar a su altura. Pero para altura la de la atleta búlgara, muy guapa también, por cierto... y ya que estamos, cualquier día de estos te invito a magdalenas, que me salen bien ricas, jajaja.
      Perdona que me ría tanto, pero la culpa es tuya, eres un crack, Suso, ya lo sabes, contigo me sale la vena irónica a la mínima. Muchísimas gracias por leerme y estar ahí, siempre, o en el limbo del infinito, que sé que lo prefieres así ;)
      ¡Un beso!

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  4. Jo, Eva. Me ha parecido tan brillante y verosímil la propuesta de ese PSTT que hasta lo he buscado en internet por si fuera real, je, je, je... Amén de tu estilo cercano para narrar, como debe ser, me atrapó ese ritmo y esa cantidad de detalles que dotan de vida al quehacer del padre. Fantástico. Un fuerte abrazo!

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    1. No estaría nada mal, ¿eh? Estoy a un tris de patentar la idea, fíjate, jajaja. No, en serio, la solidaridad entres padres o madres solos en ese sentido sería algo pero que muy interesante, sobre todo pensando en los días que corren, cuando los abuelos no están para esos trotes porque los hijos se tienen a edades intempestivas... Gracias por tus amables palabras, David, y por leerme, por supuesto, que andarás hasta arriba con el Tintero de Oro (por cierto, yo desistí tras el primer intento porque no me da tiempo a todo, pero recomiendo la experiencia encarecidamente a todo el mundo :))
      ¡Un abrazo enorme!

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  5. Jajajaja, la PSTT... No tardes, Eva, patenta esa idea sin dudarlo.

    Como siempre brillante, irónica y divertida. Eres un lujo. Por eso te envío besos multicolores.

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    1. Un lujo es que me leas, Juan Antonio, porque siempre me alegras el día con tus comentarios. Muchas gracias por tener la gentileza de pasarte por aquí, y ya sabes, si necesitas canguro... ;)
      ¡Besos de arcoíris! :)

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  6. Sabes Eva?,... como me recordó tu etrada a unos amigos que no eran de la ciudad en la que vivian. Sin familiares en las proximidades, criaron a sus dos hijos a "pan de millo", es decir,... durante unos años solo vivieron para sus hijos y para trabajar... fue una época horrible... para mi :)

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    1. Nunca había oído eso de a "pan de millo", me encanta, y reconozco que criar a los hijos lleva lo suyo, es un esfuerzo descomunal, y cuando no se dispone de ayuda todavía peor, claro. Espero que ya lo hayas superado, lástima no poder poder echar mano entonces de una asociación como la que me imaginé ;)
      Muchas gracias por pasarte a leerme y dejar un comentario, Norte. Abrazo de inicio de año :)

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  7. Criar a los hijos sin ayuda hoy en día es complicado hasta para un matrimonio, cuanto más para un padre soltero, así que eso de la PSTT me parece una buena idea, incluso se podría crear una empresa que por un módico precio ofreciera esos servicios ¿algún emprendedor con financiación por aquí? La verdad es que al principio pensé que serían de asuntos sociales que irían a ver si le quitaban la custodia al pobre hombre por incapacidad de cuidar a los niños, al final era algo mucho más imaginativo y difícil de averiguar. Simpático relato Eva. Un abrazo.

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    1. Pues podíamos asociarnos para montar la empresa, sí señor, ya puestos... jajaja. Gracias por leerme y además comentar, Jorge, me apetecía quitarle un poco de hierro a la hercúlea tarea de criar a los hijos, ya se sabe, con o sin ayuda, nunca hay domingos, ni festivos, y los días tienen 24 largas larguísimas horas cuando están enfermos ;)
      Un abrazo de vuelta :)

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  8. Eva, ¡qué placer venir aquí! Me parece que hay tanta vida en este relato que lo asocio con colores y movimiento. Creo que son las sensaciones que se instalan en mí cuando leo tus cuentos, no importa la historia que estés contando. Es que debe ser tu personalidad que derrocha optimismo, la que está detrás de la pluma, la que dota a todo el texto de esto que te menciono. Y tu imaginación, espléndida, capaz de descubrir el mejor relato en el sitio en el cual pareciese que no hay ninguno. La maga que saca el conejo de la galera. En este caso imaginando a esta "secta" que recién vamos conociendo ya avanzadas las peripecias del protagonista. Un cuento con enseñanza pero sin perder la ironía, como esa que se instala, al final, en la cara de la hermana.
    Un placer leerte, eres una escritora espléndida. Admiro tu prosa prolija y ordenada (¡se ve que no hay críos por aquí!).
    Un beso.
    Ariel

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    1. Ay, Ariel, qué comentario tan bello me has dedicado, no sé si me lo merezco, pero desde luego que te agradezco muchísimo que además de leerme tengas la gentileza de dejar por escrito algo tan bonito. Me doy por satisfecha con lograrte arrancar una sonrisa, para cuanto más todo lo que dices que te suscita mi relato... un placer es que me leas, porque alguien con tu sensibilidad para escribir entiende perfectamente lo que se cocina detrás de un texto (si yo te contara lo que hay en la trastienda...jajaja), por eso me emocionan tanto tus palabras. El optimismo es lo que me ayuda a seguir adelante, y si aun encima es contagioso ¿qué más puedo pedir? Si no lo consideras demasiado, tan sólo que vuelvas a leerme, porque espero haberte dejado con ganas de más ;)
      Muchas gracias por todo, Ariel :)
      Un beso
      Eva

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  9. Está bien pensado... Normal que estuviera nervioso, ser aceptado en ese grupo le puede facilitar mucho la vida.
    Un abrazo.

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    1. ¡Y tanto, David! Como para dejar escapar una oportunidad así...
      Muchas gracias por pasarte y dejar tus impresiones sobre la lectura. Gran abrazo de vuelta :)

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    2. Pero qué bien escribe Eva!
      Me ha encantado… hasta me pareció sentir el mismo “corre corre” que el PAPÁ de tu relato. Es un relato actualizado, POR FORTUNA ya son un grupo numeroso los PS. Hay ternura cotidiana. Detrás de la escritora hay una madre con experiencia…o al revés  Has sabido imprimir la velocidad justa, el ritmo adecuado, las gotas de humor correctas. En definitiva, lleva la firma de Eva Loureiro, sello de garantía.
      Fmdo: otra mamá

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    3. ¡Pero qué suerte tengo de que me leas, Isabel! Cada día me sorprendes con tus comentarios, me ruborizas también, eso he de reconocerlo, porque tu generosidad se plasma en cada línea que me dedicas, y eso se nota tanto como que ambas sabemos de lo que hablamos cuando nos referimos a las vicisitudes que conlleva la maternidad y, por supuesto, la paternidad. Como bien dices, he querido darle una vuelta al asunto teniendo en cuenta lo que ocurre en la actualidad. Es una especie de homenaje a esos padres y madres que afrontan lo que se les viene encima al decidir tener hijos en solitario. Y me pareció oportuno hablar de ellos, porque a día de hoy no sólo nosotras somos quienes soportamos esa carga... y eso hay que reconocérselo, como decía un pediatra de renombre, hace no tantos años los niños que acudían a su consulta se refugiaban siempre en el regazo de su madre, ahora ya lo hacen también en el de su padre, y eso, indudablemente, dice mucho de cómo han ido cambiado las cosas. Para bien en mi opinión, pero, como sigue agradeciéndose ayuda externa, una asociación de este tipo tampoco nos vendría mal, nada mal :)
      Muchas gracias por dejar tu inconfundible huella ;) Besos

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  10. A mi me encanta que los modelos familiares no estén homologados, ni encasillados, ni amordazados. Vamos, que la diversidad suma.

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    1. ¡Di que sí! La familia vamos construyéndola por el camino, así que no hay modelos únicos ;)

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  11. PSTT... el relato me ha traído a la memoria a mi hermanísimo. Nos juramos que nunca íbamos a casarnos ni a tener hijos ni nada de eso. Yo caí antes. Yeyo es papá soltero, su bebé tenía un mes cuando el se la quedó toda enterita para papi, ahora tiene ocho años. Me como a mi sobrina, que bella es. Así que te robo el término: pstt y se lo regalo a mi hombre favorito.

    Abrazo y namasté, Eva Loureiro.

    (Sí, cariño, llevo un retraso horrible con tus lecturas, tengo que ponerme al día)

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    1. Claro que sí, John, mi relato está dedicado a esos papás solteros, así que dedícaselo a tu hermano de mi parte. ¿Sabes? En mi novela Cuando las nubes están rosas, es que va a llover, también hay otro padre soltero parecido a lo que me cuentas. El entrenador personal del protagonista (Akira es surfista profesional) crió a su niña solo, ahora es una impresionante mujercita de la misma edad de Akira, pero igual os divertís con las peripecias de la paternidad de Gareth...
      Por favor, no debes disculparte, corazón, cada uno va leyendo cuando o si puede, así que sólo puedo agradecer que hayas tenido tiempo para hacerlo y comentar. Muchas gracias y un abrazo enorme, John :)

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