jueves, 25 de enero de 2018

¡Pim, pam, pum!


Al filo del mediodía, las campanadas llaman a misa de doce y los parroquianos se apresuran hacia la iglesia. El viento aúlla por los callejones, en la plaza el sol invernal aprieta. Los hombres se calan el sombrero para que no se les vuele, las mujeres se ajustan el pañuelo y se cubren la vista por culpa del polvo. El aire viene frío, al atardecer será gélido, pero es domingo y deben acudir a su obligada cita con el párroco.

En lo alto del campanario una siniestra silueta se perfila, nadie mira, nadie quiere ver lo que se avecina. La primera bala silba imperceptible entre el tañer de las campanas. El primer cuerpo cae inerte, nadie se detiene. La escasa media docena de críos espera en el banco lateral tras asistir al catecismo, salvo una niña demasiado pequeña que observa inquieta el abatido rostro de su madre. Ahora entiende la prisa por llegar antes de lo acostumbrado. O eso parece indicar su inteligente mirada. 

Antes de cerrar las puertas, tres disparos más hacen eco en el silencio manso de la capilla. Cabezas gachas, vista al suelo, niños que prosiguen con sus cuchicheos hasta que el sacerdote aparece y todos se ponen en pie. “En este recóndito pueblo tan alejado de la mano de Dios…”, el consabido sermón no sorprende a ninguno de los feligreses. Salvo a la niña, que incauta le pregunta en voz baja: “Pero si nuestra montaña casi roza el cielo, mamá, ¿no estaremos más cerca?” La acalla con un gesto, atemorizada de que alguien más la haya oído. 

Y, angustiada, reza. Reza porque la vieja mula no se les muera antes de la primavera. Reza porque su niña sobreviva al descenso en plena noche. Reza porque no descubran sus intenciones antes de su huida. Reza porque el alma inocente de su marido las proteja también desde poco más arriba de lo que están. Por todo esto y mucho más, le reza a su Dios misericordioso. No al vengador, del que apostata. 

Del mismo modo que renegó su esposo en paz descanse. O el joven cura que vino a sustituir a Don Anselmo. Uno abatido en la plaza. El otro despeñado a pocos metros de la aldea de camino al arzobispado, junto a la carta denunciadora de los impíos desmanes que se producen en aquel lugar. “El Señor tendrá la última palabra en el Juicio Final”, la voz amplificada desde el púlpito indica que el nuevo no comparte sus mismos escrúpulos, e intenta mantener a raya la repugnancia que le provoca. 

A la salida se apresuran por regresar a casa, solo los niños rezagados se atreven a jugar en la plaza. “¡Pim, pam, pum!”, gritan entre risas girando en la rueda y se echan al suelo imitando la posición de los cadáveres. Sus madres los llaman desde las ventanas y enseguida cierran las contras. La niña se gira y le tira del brazo para que no mire. ¿Quién de ellos será el próximo ángel exterminador?, se pregunta sabiendo que eso de tomarse la justicia por su mano es costumbre hecha ley. Por aquello de dar ejemplo, hasta la noche no se podrá recoger los cuerpos. Para entonces los cuervos ya habrán dado buena cuenta de sus ojos. 

by Eva Loureiro Vilarelhe


41 comentarios:

  1. Tremendamente impactante. Fantástico, Eva.

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    1. Muchas gracias, Marta, me alegro de que te haya gustado ;)

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  2. Me ha encantado,Eva.
    Perfecta mezcla,con aromas tanto a Sam Peckimpah como Juan Rulfo.
    Ha creado imágenes muy poedrosas y nítidas en mi mente.
    Me gusta esta Eva oscura y concisa con golpes cortos y precisos.
    Gracias.

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    1. Todavía humean las teclas (como ese rifle apostado en el campanario), Suso, por eso hay quien me llama Bonnie, jajaja. El golpe debe ser seco y a la yugular, aunque eso no lo aprendí con los Scouts precisamente...
      Referencias míticas siempre me traes, es un honor que pienses en algo así cuando me lees. Y te agradezco de veras que comentes, sé que desanima a cualquiera que desaparezcan los comentarios sin más.
      Gracias a ti, por estar ahí :)

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  3. Hay en este breve relato una especie de contrapunto poderoso entre la violencia y el miedo. Y entre la pobreza y los mitos religiosos. Gente sencilla, sometida a las reglas del pequeño pueblo en la montaña. Angustia contenida y dolores acallados como decorado de la injusticia y el desamparo que sufren. Y el sueño colectivo de un ángel exterminador que finalmente acabe con todo eso. Si fuera cura, Eva, no aceptaría que me envien a ese pueblo. Muy bueno. me gustó mucho.

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    1. Gracias por leerme, Néstor, y por comentar tus impresiones sobre mi relato. Desde luego, cualquier sacerdote se encontraría entre la espada y la pared, sí, yo imagino que hubiera acabado despeñada como el que se enfrentó a las normas del pueblo... Me alegro de que te haya gustado, de eso se trataba, en definitiva. Un abrazo.

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  4. Eva, siempre con tu prosa deslumbrante, me dejas como un tonto con los ojos abiertos. Porque es de buena escritora no perder la voz propia contando en cualquier registro y desde cualquier lugar. Y este cuento me ha encantado, de veras. La narración tiene la velocidad y la potencia de los estampidos de los disparos que vienen del campanario, y despierta zozobra como la figura siniestra. Tu historia atrapa desde el principio hasta el final de modo que uno queda satisfecho y a la vez con el apetito de seguir leyendo.
    Eva sabe cautivar con las palabras, y su prosa es única, personal, y no requiere comparaciones ni referentes literarios.
    Una delicia leerte!!
    Un beso.
    Ariel

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    1. Caramba, Ariel, tú siempre tan cortés conmigo, me sonrojas. Muchísimas gracias por leerme y además dejar un comentario tan amable, eres un encanto. Es sumamente reconfortante que consideres que he logrado adquirir lo que lucho a diario por conseguir, un estilo propio. Ni te imaginas la ilusión que me hace que creas que ya es una realidad. Una delicia es que te pases por aquí, porque saber quién está detrás de tus palabras me alegra el día, porque el oficio se lleva bien adentro, y ambos sabemos de lo que hablamos.
      Un beso enorme.
      Eva

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  5. “Pero si nuestra montaña casi roza el cielo, mamá, ¿no estaremos más cerca?” Felicidades por tu relato Eva.

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    1. Bienvenida, Elena, muchísimas gracias por leerme y además tener la gentileza de dejar huella por aquí. Sí, es una niña inteligente, ¿no crees? Un abrazo ;)

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  6. Pues mira, tú también tienes nueva faceta, no soy yo el único al que se le destapa una segunda aorta. Incluso en la extensión hoy ha habido diferencia. Es que me tienes mal acostumbrado, o será que eres como yo verborrágica. O como diría un amigo escritor muy querido: autor de verbo largo.

    Uy, no me gustaría ser vecino de ese pueblo, en lo absoluto.

    Abrazo, reina.

    Namasté y paraguas, aunque tu estás hecha al agua por ser de donde eres. Por allá llueve mucho.

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  7. Pues mira, tú también tienes nueva faceta, no soy yo el único al que se le destapa una segunda aorta. Incluso en la extensión hoy ha habido diferencia. Es que me tienes mal acostumbrado, o será que eres como yo verborrágica. O como diría un amigo escritor muy querido: autor de verbo largo.

    Uy, no me gustaría ser vecino de ese pueblo, en lo absoluto.

    Abrazo, reina.

    Namasté y paraguas, aunque tu estás hecha al agua por ser de donde eres. Por allá llueve mucho.

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    1. Hola, John, ya sé que no me conoces desde hace tanto como para saber que me gusta cambiar de registro de vez en cuando, y sobre la extensión, tienes razón, creo que en eso nos parecemos, porque suelo tener problemas para contenerme, jajaja. Pero no sé qué me pasa, cuando me pongo a dar tiros, soy más escueta, quizás por aquello de la rapidez e infalibilidad del asesino (o asesina) ;) Tengo más relatos por el estilo, de esos que a Suso le gusta, porque es un poco como yo, de sacar la katana y rebanar pescuezos (mentalmente) a la primera de cambio, jajaja. No me hagas caso, ya sabes que además de escamas tengo un rebosante sentido del humor, sorry!
      Sí, aquí diluvia, pero estamos contentos, que conste, ya ardió demasiado la tierra y ahora toca sanar nuestras heridas...
      ¡Millones de gracias por dedicarme un ratito de tu tiempo! Abrazo, corazón, y namasté :)

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  8. Hola Eva me hago partícipe de tus letras también como no, y aquí estoy y te cuento. Un ramalazo de rabia me ha encogido el alma al ir leyendo el relato, me viene esos momentos descarnados de la guerra civil española, de esas muerto caídos en llanuras y en plazas, enterrados en cualquier parte y solo esa memoria apostillando por sus cuerpos. Un relato duro con ese ritmo que parece a tambor, a metralla, ensordecedor. Muy bueno. Encantada de seguir tus letras. Un abrazo

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    1. Muchas gracias por tu visita, Emerencia, la verdad es que cualquier episodio como el que narras puede vernírsele a una a la cabeza a raíz de mi relato, estás en lo cierto, y desgraciadamente nuestra historia nos nutre de bastantes ejemplos semejantes de los que servirnos... Me alegro de que te haya gustado, y de que te quedes por aquí, por supuesto, te agradezco tus palabras. Un abrazo.

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  9. Yo también he recibido un balazo en/con tu relato, Eva, pero mental. ¡Menuda historia! No tenía la menor idea de por dónde iban a ir los tiros, nunca mejor dicho, y me has sorprendido completamente. Muy dura esa ley de la montaña que se cobra víctimas gratuitas y es imposible de desafiar. Me dan escalofríos de pensarlo. Genial, me ha gustado muchísimo.

    Un beso y feliz finde.

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    1. Gracias, Julia, sé que es duro, pero a veces hace falta contar este tipo de cosas, que por desgracia están presentes en nuestra sociedad, por mucho que creamos que se trata de tiempos pasados. Te agradezco que dejes huella por aquí al visitarme, eres un sol. Besos domingueros ;)

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  10. Muy buen relato, sorprendente. Mezcla la crudeza de la violencia con la ingenua y tierna de la infancia. Saludos.

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    1. Muchas gracias por tu amable comentario y bienvenida. Saludos.

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  11. Guardado Eva.
    Ya sabes... te leeré con tiempo y calma, como toca.

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    1. Cuando te venga bien, ya sabes que estás en tu casa ;)

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  12. Eva al leer el relato me has trasladado en mi mente a un pueblo de esos olvidados del lejano oeste de México donde la ley nada puede hacer para parar a los que se toman la justicia por su mano. Y a la vez nos has mostrado esa ternura de los niños con sus preguntas y su inocencia.Has hecho un buen relato. Un abrazo.

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    1. Gracias, Mamen, creo que puede ser extrapolable a cualquier pueblo de la montaña en el que reine una ley impuesta a la fuerza, como bien dices, y en cómo eduquemos a los niños radica si tendremos esperanza de que algún día cambien las cosas, o no. Me alegro de que te haya gustado, y reitero mi agradecimiento por tu comentario. Abrazo enorme.

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  13. Me has sorprendido Eva, porque este cuento es diferente a todo cuanto te había leído. Quizás como comentaste antes yo tampoco llevo suficiente tiempo leyéndote. El caso es que cambias de registro por completo. Abandonas ese sutil sentido del humor que te caracteriza, los diálogos encajados en el texto, la narración en primera persona, los monólogos interiores o las grandes descripciones, para internarnos en un relato oscuro donde casi podemos sentir la opresión que viven las gentes del pueblo. A mí al principio también me trajo a la mente escenas de la guerra civil. El castigo de la autoridad a quien se sale de la norma, a quien cuestiona el orden establecido, es la idea que subyace de fondo. Haciendo un paralelismo y salvando ciertas distancias podríamos encontrar algunas similitudes con la sociedad en la que vivimos. Grata sorpresa este desconcertante relato, Eva. Un abrazo.

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    1. Me alegro de que la sorpresa haya sido grata, Jorge, me gusta cambiar de registro de vez en cuando, cosa complicada en ocasiones porque la vena humorística acaba por prevalecer, pero también ves que sé ponerme seria... El castigo legitimado por voluntad divina también es algo que me preocupa, porque tendemos a reconocerlo en otras religiones y no en la que tenemos más próxima, algo que me apetecía cuestionar, porque las Cruzadas quedan un poco lejos, pero ahí están, para recordarnos que todos podemos tener las manos manchadas de sangre si no le ponemos remedio. Y sí, podemos encontrarlo en nuestra sociedad, por mucho que pensemos que se trata de un pueblo aislado. Muchas gracias por tu comentario y por tu inestimable visita. Abrazo enorme.

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  14. Fascinas, querida Eva. Siempre. Este registro, que seguro no es nuevo más que para los que empezamos a descubrir encandilados tus escritos, me ha llegado a lo más hondo. La atmósfera que creas desde el primer párrafo electriza al lector y le mantiene en tensión hasta el punto final.

    Enhorabuena una vez más y siempre. Besos transfronterizos.

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    1. Eres muy generoso conmigo, Juan Antonio, muchísimas gracias por tus palabras, como siempre, y me encanta que te haya gustado también esta otra faceta de mi pluma. Besos dominicales.

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  15. Hola Eva,... genial, como siempre!, solo espero que esa pobre mujer, su hijo y la mula logren sobrevivir a, como muy bien dices, ese "castigo legitimado por voluntad divina" que tristemente renace una y otra vez a lo largo de la hsitoria de la humanidad.

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    1. Hola, Norte, gracias por pasarte y por tu generosidad. Ojalá no fuera la piedra en la que tropezamos continuamente, mucho cambiaría la historia, la verdad. Un abrazo.

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  16. Hola, Eva. Desde luego nos muestras un lugar idílico para ir de vacaciones, je, je, je... Bueno, al lío. Más que un relato, lo veo como un lienzo duro y terrible de un lugar sin ley, o con una ley demasiado divina como para permitir que los niños tengan sueños. Me ha conmovido como has narrado al inicio esos disparos ejecutores, con ese punto de frialdad, la misma con la que los que van a misa observan la muerte a su lado. Es la frialdad de la resignación, del así son las cosas y no se pueden cambiar. Un pueblo que oprime, asfixia y encadena, esa divagación de la madre deseando que no se note que quiere escapar, esa historia esbozada sugerida de la muerte de su esposo. Un lugar que me recuerda al lejano oeste americano en sentido literal, pero a la vida de nuestras ciudades en sentido metafórico. Un abrazo!!

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    1. No, David, el pueblo seguramente merecerá la pena, pero como bien dices, para ir de vacaciones nos buscaremos un lugar más hospitalario, como mínimo ;) Muchas gracias por tu comentario, la verdad es que yo también lo veo en imágenes, me pasa mucho cuando escribo, que intento plasmar la secuencia que tengo en mi cabeza, como en una película... o algo así :) Y comparto tu visión literal y metafórica, porque en eso me basé, en que fuera algo concreto que pudiera extrapolarse hacia lo general. Reitero mi agradecimiento por tu atenta lectura, además de por dejar tus impresiones que tanto me ayudan a saber si he conseguido lo que pretendía. ¡Abrazo enorme!

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  17. Impactante Eva, especialmente el cierre final. Me ha gustado que en esta ocasión, el único diálogo sea la pregunta inocente de la niña, y el aire frío, los sombreros calados y los pañuelos ajustados, las cabezas gachas y, sobre todo, el silencio manso… todos esos gestos del pueblo que denotan el miedo.

    Los niños juegan al pim pam pum, claro, los niños siempre juegan a lo que ven.

    Es un texto serio y triste Eva, lo que toca.

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    1. Hola de nuevo, Isabel, me alegro de que te haya gustado, pese a ser serio y triste, porque esa pequeña inocente es la única que se atreve a alzar la voz ante la sinrazón... como siempre los niños son los que reflejan lo que sucede en la sociedad que los rodea (alguno de ellos acabará por convertirse en el sucesor de la silueta del campanario, si nada le pone freno a la barbarie), y también los que cuestionan lo que les parece injusto, porque ellos no se doblegan, no temen romper ese silencio manso.
      Y yo te agradezco que hayas vuelto a dejar huella con tu comentario, porque siempre aprecio lo que tenéis que decir al respecto, mucho más de lo que quizás imaginéis. Muchas gracias, corazón, un beso.

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  18. Un cambio de registro absoluto, muy lejos de otros relatos de humor gallego del bueno del que eres una especialista. La violencia sólo engendra violencia, menos mal que todo ha salido de la fértil imaginación de la autora. ¡Sigue escribiendo! Un abrazo.

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    1. Eres muy generosa conmigo, Lola, muchísimas gracias por leerme, sé que dedicas mucho tiempo a ello y he de agradecerte que nos dediques tu atención siendo tantos... No pienso dejar de escribir nunca, así que solo puedo esperar que no te canses de leer mis relatos. Abrazo enorme, corazón.

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  19. Eva como ya te han comentado otros compañeros, desde luego no apetece para nada visitar ese pueblo pero tus letras han conseguido mostrar ese ambiente de miedo soterrado, en el que se calla y obedece porque el que no lo hace no lo cuenta. Se sentía el miedo en ese silencio terrible. Me ha parecido que era muy visual, era como ver una película.
    Un abrazo

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    1. Muchísimas gracias por pasarte y dejar un comentario, Conxita, estás en lo cierto, dudo que a alguien le apetezca darse una vuelta por semejante lugar. Me alegro de que te haya gustado. Abrazo de vuelta :)

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  20. Sorprendido!!! Da que pensar, pero te seré sincero, prefiero cuando me haces sonreir!!!

    Petonets!!

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    1. Bueno, al menos he conseguido sorprenderte ;) Espero hacerte reír en la próxima entrada, esta tocaba ponerse seria... Muchos besos para ti también, o pentons, o bicos, o lo que prefieras :)

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  21. Muy bueno Eva, habré de seguir tus publicaciones.

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    1. Muchas gracias y bienvenido, Ricardo, me alegro de que te haya gustado tanto como para desear repetir. Aquí te espero, y te agradezco la amabilidad de dejar un comentario, por supuesto. Saludos :)

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