jueves, 28 de diciembre de 2017

La fiesta



Extendí la sombra de ojos con pericia, harta de hacerlo con las demás a estas alturas podría pintármelos con los dos cerrados, y no apenas uno para confirmar que el gris perla de mis párpados combina a la perfección con el tono asalmonado de mi conjunto. ¿Vestirme de verano yo en pleno invierno? ¡Ni loca! La falda de tablas de tejido aterciopelado hasta media pierna es bien calentita para las bajas temperaturas que me esperan afuera, y el jersey de angora oversize de idéntico color es de una suavidad pasmosa. El abrigo fino negro y las sandalias serán mi única concesión incoherente con la estación del año en la que estamos, por aquello de que Sara y Mónica no me miren raro si aparezco con mis gastadas botas militares y mi grueso chaquetón de borreguillo.

Sí, mis amigas irán de vestidito de tirantes tiritando, procurando disimular el castañeteo de sus dientes llevándose su bebida a la boca. En conclusión, ellas estarán borrachas mucho antes del amanecer, y yo me aburriré como una ostra mientras hago de canguro para que no les pase nada. El día menos pensado me escaqueo y paso de salir en Añoviejo, con la de fines de semana que podemos hacerlo, ¿para qué gastar más en una sola noche que en todas las del resto del año juntas? No, no exagero, que no bebo alcohol y nunca nos cobran por entrar en ningún sitio, salvo en Fin de Año, claro, que se aprovechan y no solo la entrada, sino también las consumiciones nos salen por un ojo de la cara. 

Los míos están perfectos, ahora que los veo, retoco los labios con una pizca de brillo y le grito a mi hermano que ya estoy lista, guardando el gloss en la ridícula cartera de mano  que solo uso en ocasiones como esta. Desde que se ha echado novia él siempre tiene prisa, yo ninguna, hasta me apetecería quedarme en el sofá dormitando entre papá y mamá, si no fuera porque sé que acabarán viendo uno de esos insufribles programas de relleno. ¡Con la de películas interesantes que dan en otros canales!, pero no, ellos erre que erre con los refritos de canciones horripilantes. En fin, que me resigno a dejarme arrastrar por los gustos ajenos. “¿Vas a ir con esa pinta?”, ni me digno en responderle y me coloco un mechón suelto de mis trenzas en el espejo del ascensor. “¡Pareces una colegiala!”, insiste y suspiro. “¿Pintada como una puerta?”, digo por no estar callada, a sabiendas de que la mayoría van incluso más exageradas que yo, ¡y de día! “Solo te falta subirte la falda dándole vueltas a la cinturilla…”

“¿Lo dices por experiencia?”, le pregunto sarcástica recordándole su etapa tímida en el colegio al que íbamos, de uniforme, por supuesto, cuando ni se atrevía a levantar la vista de sus mocasines en el pasillo, por si se encontraba de frente con la chica que le gustaba. “¿Dónde dices que tengo que dejarte?”, cambió de tema para zanjar el asunto en vista de que no le convenía el giro que estaba tomando la conversación. Le di las señas del apartamento de la fiesta privada, unos amigos de Mónica la habían invitado y ella no se cortó a la hora de pedir si podíamos acompañarla. En realidad sentía curiosidad por saber qué se cocinaba en el ático del lujoso edificio frente al que me bajé del coche de mi hermano. Le deseé suerte y me sonrió nervioso, va a declarársele a Virginia y a mí me hace tanta ilusión como a él, siempre fue un cortado y por una vez osa llevar la iniciativa, se le nota a leguas que la adora. 


A mí en cambio mis amigas van a matarme, llego con más de una hora de retraso, se suponía que tomaríamos las uvas juntas, pero me dio pereza. Ahora me dará más encontrármelas eufóricas y desenfrenadas, y yo que pasé de brindar con champán para evitar el dolor de cabeza… un sorbo es suficiente para provocarme jaqueca. El chico que está soltando juramentos en el vestíbulo me llamó la atención, no había nadie más alrededor y entendí que hablaba solo. Carraspeé para que notara mi presencia y se giró en redondo sorprendido. No dijo nada, me miró de arriba abajo con el ceño fruncido y me pareció que no le desagradó lo que veía, pero no podría jurarlo, como él sí hizo al exclamar: “¡Hostia!” Yo opté por no ponerme a la altura de sus improperios.

“¿Al ático?”, le pregunté pulsando el botón después de que me permitiera entrar a mí primero. “No, suelo alquilar el esmoquin para bajar la basura…” Pestañeé incrédula y se sonrojó, cosa que me causó todavía mejor impresión que su inusitado sarcasmo. “El cava me juega malas pasadas, me desata la lengua,” se disculpó de inmediato, “siento haber resultado grosero desde abajo.” Ya íbamos por el segundo piso de los 38 restantes, me acerqué sonriendo para restarle importancia a su comentario. “¿Puedo?”, le pregunté poniéndome de puntillas para alcanzar su pajarita deshecha, supuse que la principal responsable de su malhumorado desatino. Asintió mirándome a los ojos reticente, ruborizándose de nuevo, y ese detalle acabó por hacerme bajar la guardia. La vulnerabilidad está infravalorada hoy en día, y me encanta verificar que todavía hay personas que la conservan intacta. 

A veces me ocurre en el trabajo, muy de cuando en cuando, entre las modelos que maquillo a diario –casi niñas en su mayoría–, me topo con una chica en la que advierto idéntica reserva, que manifiesta poniéndose colorada ante mi abrupta intromisión en su espacio vital. El ritmo apremia y en ocasiones ni tiempo me da a presentarme, aparezco de repente ante ellas con mi maletín, verificando el croquis que me han dado, y radiografío sus facciones con mirada profesional sin pararme a saludar primero. Suelo sonreírles, por aquello de restar violencia a la premura que me exigen, pero sin poner mi alma en ello e imagino que pareceré más bien gélida, porque necesito acabar rápido y pasar a la siguiente en cuestión de minutos. Es primordial para que no haya retrasos. Sin embargo, como en este caso no es así, me aproximo despacio y le digo algo que no es que me lo haya inventado, es que lo tomo prestado de un diálogo de una escena de esas que se me quedan grabadas, esa del tópico de “suelo hacérsela a mi padre”, cuando la realidad es que las he tenido que anudar a millares en el backstage, a maniquíes tan altos y muchísimo más guapos que él. 

“Creí que esto solo pasaba en las películas”, comenté tras el inesperado frenazo en seco, causante de que nuestros cuerpos chocaran uno contra el otro. Disculpó tartamudeando su repentina mano en mi trasero, tratando de recobrar la verticalidad perdida con el apagón, en lugar de apretarla alrededor de mis nalgas para verificar su consistencia. Otro punto a su favor, pensé observando divertida cómo se intensificaba el color de sus mejillas al volver la luz. “¿Crees que estaremos encerrados mucho rato?”, reprimí una carcajada ante el punto de histeria que rayaba en su voz, tras descubrir que la alarma no funcionaba y estábamos parados entre la planta 25 y la 26. Me miró sospechando lo que pensaba. “No tengo miedo,” su mirada lo corroboraba y me intrigó conocer a qué era debido su nerviosismo, “es que vine aquí de rebote…” Le hice un gesto para que tomáramos asiento, no estaba segura de si aquello iría para largo, o si desde fuera se darían cuenta de que estábamos allí metidos y enviarían a alguien a rescatarnos, pero lo que era indiscutible es que los tacones me estaban matando. Al verme descalza sonrió imitándome, alegando que sus zapatos le resultaban igual de incómodos que a mí mis sandalias. “¡La falta de costumbre!”, exclamamos al unísono y nos dio la risa. 

Entrecerré los ojos y entendió qué deseaba saber. “Vengo por compromiso, mi cuñado es el mejor amigo del que da la fiesta, me envía a mí para cubrir su ausencia porque ayer nació mi sobrino, pero en cuanto pueda me largo pitando al hospital. ¿Quieres verlo? Dicen que se parece a mí…” Metió la mano en su americana antes de que pudiera responderle y sacó la billetera, para mi sorpresa, no su teléfono. Me enseñó una foto en blanco y negro, de revelado casero, y advertí manchas de ácido en sus uñas. “Siempre hay quien le encuentra el parecido a un recién nacido para quedar bien, pero en tu caso es cierto, ha heredado el flequillo de su tío…” Sonrió de oreja a oreja, obviando por completo la irónica manera de meterme con sus prematuras entradas, y la ternura que reflejaba su mirada me conmovió. “Y también he de decir que eres más amante de lo vintage que yo, que debo de ser de las pocas que todavía llevo fotos impresas en la cartera.” “¡Déjame verlas!”, y no pude negarme ante su expresión de felicidad. Nos echamos unas risas con mi pequeña yo, junto a mis mucho más jóvenes padres, y a mi hermano de adolescente.


Hasta que afirmó convencido: “Es una lástima que no nos hubiéramos conocido entonces, siempre me gustaron las niñas con trenzas.” Colocó evitando mi mirada el mechón que se resistió a quedarse en una de ellas, y tuve que ser yo quien le obligara a mirarme a los ojos. Nuestros labios ya no tuvieron tanto reparo en conocerse con mayor profundidad, y jadeante eché mano de mi bolsito desesperada por encontrar lo que llevaba allí guardado desde no recordaba cuándo. Blandí mi tesoro ante su asombrado rostro, y tragó saliva. “¿Me creerás si te digo que no sé en que año caducó?”, le dije tratando de que no creyera que es algo a lo que estoy habituada. “¿Y tú a mí si te digo que hace más de uno que no…?” El sofoco ante tanta sinceridad me obligó a desprenderme de mi abrigo. “¡Espera! No te quites nada más, como en aquella vieja película” Asentí sonriendo emocionada, recordaba la escena a la perfección, mejor vestidos, al menos ella lo prefería así para evitar malentendidos, y me senté sobre sus largas piernas ayudándole a ponerse el preservativo apretando los párpados, por aquello de no estropear el momento de confidencialidad a nuestras respectivas pieles.

Jamás lo había hecho antes en un ascensor, ni en la primera cita con ningún chico, para cuanto más a los diez minutos de habernos presentado. Y lo peor de todo era que ni siquiera nos habíamos presentado, pero por una vez, no sé decir muy bien por qué, no me importó en absoluto empezar la casa por el tejado. “¿Te llamas?”, conseguí gemir. “Guille…llermo, ¿túúú…?” Mi “Lucíííaaa”, sonó unas cuantas octavas por encima de lo necesario, pero él lo repitió incluso más alto que yo. Su nombre en cambio se lo susurré al oído cuando enterró su cabeza en mi jersey. “¿Te sonará muy extraño si te pregunto si lo lavas con Perlán?”, y nuestras carcajadas nos hicieron estremecer por lo que movían a su vez, hasta que nos dimos cuenta de que había algo más en movimiento. “¡Estamos bajando!”, exclamamos de nuevo a un tiempo. Y nos alegramos de no tener demasiadas prendas que hacer volver a su sitio antes de que las puertas se abrieran de par en par en el vestíbulo. 

Sus pantalones lucían tan perfectos como mi abrigo, y no entendimos la cara de risa del par de individuos engominados con pinta de mafiosos que nos encontramos de frente. Un vistazo de reojo en el espejo me lo explicó, mi gloss anaranjado adornaba más el cuello de su camisa que mis labios emborronados, y sus rizos alborotados disimulaban sus incipientes entradas. Le hice un gesto para que viera qué pinta de sexo reciente teníamos, y me cogió de la mano al grito de “¡Corre!”. En la calle no paramos de reírnos hasta que detuvimos nuestra errática carrera al quedarnos sin aliento. Lo recuperamos con otro beso de esos que saben a poco, y me sugirió que pasáramos de la fiesta y nos fuéramos a un garito que conocía. 

“Uno de esos en los que ponen películas antiguas en lugar de música, y se puede charlar o disfrutar del cine con letras mayúsculas.” “¿Cómo de antiguas?”, quise saber suspicaz. Su zapateo sobre el asfalto al estilo de Fred Astaire en Melodías de Broadway 1940 me lo dejó claro, y le di la réplica emulando a Eleanor Powell, feliz de que el vuelo de mi falda estuviera a la altura de la diva, pese a que mis pasos de baile ya no tanto. “¿Sabes que tienes muchas papeletas para ser el hombre de mi vida?”, afirmé más que preguntar y sonrió tan enternecido como cuando me habló de su sobrino. No dijo nada, cogió de nuevo mi mano para conducirme a aquel paraíso nocturno, pero lo detuve al alzar el brazo para pedir un taxi. “Creo que antes podíamos hacer una parada en el hospital”, le sugerí expectante. Sus ojos brillaron tanto como la madrugada estrellada al decirme: “¿Sabes que tú las tienes todas para ser la madre de mis hijos?”


by Eva Loureiro Vilarelhe

30 comentarios:

  1. ¡Ay de mi Alhama!, como dijo el rey moro del romance. Estas cosas no me suceden por no ir a fiestas de fin de año. Bueno, seguro que no es por eso, o sí. (¿Has visto que estoy casi en modo galego ma non troppo?) Muy intenso relato para acabar el año, querida Eva. Me gusta esa chica alternativa que a veces dibujas tan bien. Es siempre un deleite leerte, querida amiga.

    Besos de san Silvestre o casi.

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    1. Ma non troppo, Juan Antonio, o de lo contrario me hubieras respondido con una pregunta ;) Pero es bueno que te vayas acostumbrando al modo galego, como tú dices, eres un sol, andaluz para más inri, no se puede pedir más, porque aun encima tienes a bien leerme, compartir y comentar. Lo dicho, un sol, y me encanta que te lo pases bien con mis chicas :) Amado amigo mío, hoy toca besos inocentes ;)

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  2. Enrique Rodriguez Franco28 de diciembre de 2017, 16:07

    Maravilloso fin de año ni en mis mejores sueños,me encanta como te lo curras y la gorma peculiar como lo cuentas parece tan real en fin PRECIOSO

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    1. Maravilloso tu comentario, Enrique, muchísimas gracias por tomarte las molestias de dejar unas palabras después de leerme. Y qué decir de que te parezca real una situación tan poco verosímil, no sabes lo que significa para mí... Precioso comentario, gracias.

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  3. Eso sí que es un buen regalo de cumpleaños!!!! Poco que decir. Bonito, muy bonito.

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    1. Ya está todo dicho, David, gracias por leerme, comentar y compartir. Estoy rodeada de soles, al parecer... ¡Besos!

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  4. Decididamente la teoria de "los mundos paralelos" es una realidad.Esas situaciones jamás ocurrirían en el mío.Broma.
    Muy buen relato,y aunque cada protagonista es distinta de uno a otro,esta frescura,espontaneidad y gracia,permanece en todas,como denominador común,que supongo está en ti,y es muy agradable.
    Gracias.

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    1. No te fíes de tu mundo, Suso, cualquier día te despiertas y no te reconoces ni a ti mismo, jajajaja. Me gusta eso del mundo paralelo, igual es que yo vivo en uno así y todavía no me he enterado. Muchas gracias por la parte que me toca, solo espero que no te parezca una fresca, con eso de la frescura, jjj. Bromas aparte, tus visitas sí que resultan muy agradables, Suso, no te canses nunca de leerme, que yo intentaré que le encuentres gracia al asunto. Gracias a ti, infinitamente.

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  5. Ironía y ternura entremezcladas en un fin de año insuperable. Fantástico, Eva.

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    1. Insuperable no sé, Marta, pero inolvidable para sus protagonistas me atrevo a afirmar que sí ;) Muchísimas gracias y un fuerte abrazo :)

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  6. Primer párrafo cañón, Eva Loureiro.

    ¿Sabes qué? Yo esto lo disfruto, pero en el desayuno mientras me doy el lote. Te aseguro que mi desayuno da para esa lectura. Soy vegetariano y me alimento a fondo, y me alegro que tu cháchara, que me trae muy loco, sea el complemento.

    Abrazo.

    Vuelvo mañana.

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    1. ¡Hola de nuevo, Jonh! Qué bueno que te des el lote leyéndome, suelo poner toda la carne en el asador, pero por ti diremos que es tofu o seitán (yo me inclino por este último, que me gusta más, pero como es en tu honor...¡escoge!) ¿Sabes que el desayuno es mi comida favorita? En eso coincidimos, igual que en leernos saboreándonos el uno al otro. Vuelve cuando quieras, estás en tu casa, yo seguiré paseándome por tus versos. Un abrazo y gracias por permitirme conocerte un poco más en cada comentario :)

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  7. Ya estoy de vuelta.

    Tu cuento de fin de año me ha dejado una onda expansiva de amor juvenil, de esos que uno dejó atrás hace ya muchos años, mi amor actual está en una fase diferente: la fase Lila Downs.

    Yo soy libre del temor
    cuando me tocas tú,
    como el cielo de la tarde
    cuando me tocas tú.

    Me encanta la entrada. Un primer n párrafo como tienen que ir todos los primeros en los cuentos donde la extensión lo requiere: entrando en la cámara acorazada con el arma cargada y disparando. Es de esa manera que nos presentas a la protagonista, de una manera ágil, juvenil, muy fresco. Despiertas el interés del lector por saber a qué clase de fiesta va a acudir.

    Algo muy difícil de lograr en una extensión corta pero que a ti se te da de puta madre, Eva. La entrada en los cuentos es lo que da cuenta al lector de la buena salud del corazón de nuestra historia y es, al mismo tiempo, el metrónomo del escritor, y hay que luchar, en un cuento corto es así, relatar es distinto porque hay más tiempo para exponer, por ir al ritmo que nos marca ese metrónomo.

    Todo marcha perfecto en la lectura. De repente tenemos a los protas haciendo el amor en el ascensor, y es aquí donde historia y metrónomo se descuadran. Una escena erótica, de sexo en este caso, obedece siempre a la función de emocionar. El sexo es, al igual que el arte, una provocación.

    Matizo:

    Yo soy libre como el mar
    cuando me tocas tú.
    Una lluvia de relámpagos
    cuando me tocas tú.

    Cuando te acercas a mí
    yo me pierdo en ti
    y yo me encuentro a mi destino,
    soy luz fugaz de este camino
    cuando me tocas tú.


    Yo soy libre del temor
    cuando me tocas tú,
    como el cielo de la tarde
    cuando me tocas tú.

    Cuando me tocas aquí,
    te puedo decir
    que yo te tengo aquí conmigo,
    que nunca voy a ser el mismo
    cuando me tocas tú.

    Es un temazo de Lila Downs, "Cuando me tocas tú", que se queda realmente en nada si le sacamos el acompañamiento musical, es una balada, y a Lila en un maravilloso, desgarrador directo, toda profunda y lenta, sensual, toda de miel y hecha manojo de sollozos sutiles, (casi cachonda) que es como están bien y en su punto las mujeres maduras y hermosas como Lila Downs.

    Y es exactamente lo que ocurre en la historia. Yo tengo una escena que ya.de por sí es emocionante y sexi que son los protas haciendo el amor en el ascensor, pero es el escritor quien tiene que pensar qué banda sonora le pongo a la escena para dotarla de realidad y el lector se agarre a ella también: son dos personajes que acaban de conocerse, por lo que el factor "la confianza da asco" no se pone en práctica. Es un polvo rápido, lindo y políticamente correcto que es como debe ir por respeto a la voz de los protas, pero rapido, y como tal deben funcionar las emociones, que son el trípode de esa escena: rápido, y además le pongo ahora el sabor: tacto, gusto, olores, si no queremos o no da tiempo porque queremos que sea todo rápido, tirar de ese sentido que tanta satisfacción y juego da en el sexo que es el oído, hay que agilizar la escena para emocionar.

    Sí, Eva Loureiro, las escenas de sexo son muy jodidas porque, exactamente igual que en la vida real hay que jugarse el todo por el todo.

    Exactamente igual que en la vida real yo quiero que esa mujer a la que voy a amar o a follarme, o ambas cosas, no tenga miedo de nada de lo que va a ocurrir. Quiero que se suelte el pelo para mí:

    Sueltate el pelo y ven a mí sin miedos.

    Eso es lo que se hace con el texto porque el texto no se amarra ni se acalla en este tipo de escena.

    Por lo demás, un lujo.

    Me encantas barbaramente y ya lo sabes bien, Eva Loureiro.

    ¡Abrazo y próspero año nuevo!

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    1. Antes de nada, John, me encanta que me cantes a lo Lila Downs en tu precioso comentario. Eres un amor, pero, corazón, tengo que poner los puntos sobre las íes, y empiezo ahora:
      En primer lugar, gracias, el primer párrafo es fundamental para enganchar al lector, así que te agradezco con toda el alma que valores lo que me los curro.
      En segundo lugar, gracias, los textos breves son un reto a la hora de contar una historia repleta de matices y, pese a que este no lo es tanto, sí lo suficiente como para que resulte complicado tocar todos los palos que me apetecía tocar sin excederme demasiado en la extensión (el agradecimiento en este caso es porque sé que valoras mi economía de lenguaje).
      En tercer lugar, yo también tengo mi voz, aunque yo la llamo estilo, mi manera de escribir si por algo se caracteriza es porque me gustan los meandros. Tanto en mis relatos como en mis novelas, e incluso diría que en mis poesías (sí, tengo un blog en inglés exclusivamente de poesía "Twinkling Stars", tienes en este el enlace, por si quieres echarle un ojo), me carcajeo de la línea temporal, es por eso que emulando a Hänsel y Gretel voy dejando piedrecitas o guijarros por el camino (por aquello de que los pájaros no se coman las migas y los lectores puedan guiarse incluso bajo la luz de la luna), y están ahí, puede seguirlas o no, eso ya es a gusto del consumidor, como digo yo, pero el producto cuenta con ellas para que cuando alguien me llame la atención sobre un asunto, yo también las tenga a mano para lanzárselas a la cara, puesto que no ha reparado en ellas, jajaja (igual no me has cogido el punto todavía, pero el humor de mi tierra es puñetero y aparece por doquier, o sea, que me sale por las orejas).

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    2. Sigo aparte porque no me permiten responderte todo seguido, jajaja. Ahí va:
      Bien, entonces, ahora te cuento, mis protagonistas son cinéfilos, pero de los del cine clásico, su banda sonora tendrías que buscarla quizás en el blues que tanto te gusta, no sé, eso ya lo dejo a tu elección, pero lo que sí me gustaría recordarte es que la chica lleva trenzas tipo Pocahontas, usa falda de tablas hasta media pierna y jersey de angora, ergo silueta años cincuenta, su chico se sonroja cuando se le acerca, y antes de que se quite de encima algo más aparte del abrigo le recuerda una escena de una película que ambos conocen. Confieso que tuve que consultar con un buen amigo para intentar descubrir cuál era aquella cinta cuya escena se me quedó grabada hace tantos años. No fuimos capaces de encontrarla (y desde aquí conmino a cualquiera que la reconozca a que me lo diga, porque me encantaría reconstruir esa parte de mi memoria), el título es lo de menos, porque de lo que no me olvido es de aquella escena de "sexo", porque en una película en blanco y negro como mucho de los años 40 el sexo ya sabemos que es todo menos explícito. En este caso me pareció genial resuelto. Ella se levantaba de su regazo, se sacudía la falda y se colocaba el peinado impecable ante un espejo, sujetándose el sombrero con horquillas y poniéndose los guantes antes de despedirse tan perfecta como apareció en escena. Él la interrogaba taciturno, diciéndole si algún día la vería desnuda. Ella se negó, le dijo que estaba bien así, que era más sexy incluso. Ella estaba en lo cierto, el derroche de sensualidad caldeaba el ambiente. La elegancia es una de mis debilidades, eso lo entenderás como bailarín que eres, no solo aprecio la pasión en una escena de sexo, la sutileza y el decir las cosas sin nombrarlas es necesario en determinados casos. También tengo textos donde los fluidos rezuman y se palpan las embestidas pélvicas, pero en este que nos ocupa no ha lugar. Me gusta sugerir más que mostrar, y la descripción descarnada no casa con dos almas cándidas que se enamoran en cuestión de minutos al encontrar a su gemela. La melena se la suelta sentándose sobre él, y es simpático que cierre los ojos para no descubrir su anatomía más de lo necesario, ese contraste entre lo que se espera que pase entre dos chicos en un ascensor cuando asciende la temperatura al quedarse encerrados y lo que de verdad sucede es lo que quise hacer. Yo mando, y dirijo mi nave por las aguas que mejor me conviene, evité los rápidos ex profeso, preferí aguas tranquilas para mi velero, por mucho que el éxtasis los hiciera alzar la voz, en el sexo también hay mucho terciopelo (como precisamente indiqué que era el tejido de su falda), recuerda, ella no sabe ni cuándo caducó el preservativo que lleva en el diminuto bolso que nunca usa, y él hace más de un año que está a dos velas... suma y sigue, querido John, el desenfreno es que osen siquiera hacerlo, ¿no crees?
      Y en último lugar, tú también me encantas, ya lo sabes bien, por muy bárbaro que seas ;)

      ¡Abrazo de oso y feliz 2018!

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    3. Y acabo al fin:
      P.S.: Te pongo un ejemplo de una de las películas que me han parecido más sensuales por su potente sexualidad, pese a no haber ni una escena de cama. "El año en que vivimos peligrosamente", está soberbia Weaver al salir de la piscina mojada (tu mujer bien puede emular su metro noventa) y el deseo de Gibson se refleja en cada gota de agua que se seca con la toalla. Pero lo mejor de todo (y lo que más me pone) es el fundido en negro tras la escena del taxi. Todos sabemos adónde los conduce ese taxista, hacia la habituación del hotel, y no precisamente para dormir, pero esa mirada que se cruzan en el asiento trasero (ni siquiera un beso para regalarnos la vista) lo dice todo, y no hace falta más para calentar al espectador, a mi humilde entender. Juzga tú mismo y me lo cuentas, o me lo cantas, eso ya lo dejo a tu elección, querido John.

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  8. Reproduzco el email de confirmación que me han enviado, pese a que el comentario de El Baile de Norte se haya extraviado misteriosamente:

    El Baile de Norte ha dejado un nuevo comentario en su entrada "La fiesta":

    Hola Eva,... casi me parece irreverente colarme en el diálogo que manteneis Jonh Madison y tú jajaja,... así que prometo no extenderme. Solo quería decirte que jamás pensé que una falda de terciopelo plisada y un jersey de angora pudiera destilar esa sensualidad. A priori no parecia ambos protagonistas tuviesen ese enorme potencial sexual, es decir ese magnetismo personalque se desprende a lo largo de todo el relato y eso es mérito de la escritora. Para mi esa facultad para emocionar o erotizar proviene de los sentimientos y del magnetismo personal que has sabido imprimir a los protagonistas,... aunque pienso que el ascensor ayudó un poquito ;)
    Estupendo relato Eva, Feliz Año Nuevo!

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    1. Norte, de irreverente nada, John y yo tenemos una conversación interblogger si se le puede denominar así, un toma y daca de blog a blog, para entendernos, pero por supuesto que hay cabida para comentar lo que deseéis, por mucho que ocupemos nosotros, jajaja. Gracias por leerme y compartir la entrada, y por supuesto por comentar, aunque no sé por qué últimamente se pierden los comentarios... Te agradezco también tus palabras, por la parte que me toca, me alegro que me concedas el mérito de haber imprimido carácter a mis personajes, y sí, estás en lo cierto, el ascensor fue el motor de la acción, paradójicamente a pesar de haberse parado, o mejor dicho, precisamente por eso ;)
      Gracias por la visita, Toño, y feliz año nuevo para ti también, solo te pido que continúes llenándonoslo de tus maravillosas fotos, por favor, como has hecho con los anteriores :)

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  9. Era mi opinión como lector, no como crítico literario. Los lectores importan. La gente que se dedica a hacer historias escribe para ellos.

    Pública y seras crucificado, según el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante.

    Namasté.

    Y abrazo.

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    1. No me quejaría en absoluto si tú comentario lo hubiera tomado como una crítica, John, que no es el caso, la tomé como una opinión de un lector, tan respetable como la mía propia, o incluso más, porque los textos cuando se publican dejan de pertenecer a sus autores y son los autores los que los hacen suyos. Me gustó lo que me dijiste, creo que reiteré en varias ocasiones mi agradecimiento por ellos, y es más, la atención que me has prestado me parece elogiable también. Ahora bien, quise matizar un asunto simplemente porque me parecía justo reponderte de manera adecuada a tu interés. Perdona si te molestó mi repuesta, mi intención era la inversa, lamento que no entiendas mi sentido del humor, quizás si leyeras otros textos míos más humorísticos lo cogerías mejor, no lo sé.
      Un abrazo y lo siento de veras.

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  10. Para baile del norte: No he dicho nada sobre la escritora ni sobre su es estilo, solo sobre el texto.

    Tranquilos ambos, ya me marcho.

    Mil gracias

    Namasté.

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    1. Lamento que lo veas así, Jonh, no soy amiga de polémicas, entiendo que los malentendidos se solucionan hablando, y que cara a cara sería más difícil que tomaras a mal mis palabras. Mil gracias a ti por venir, espero que vuelvas, aunque supongo que esto es un adiós. Abrazos.

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  11. De adiós nada, estimada filóloga. Voy a seguir siendo tu lector. Cómo me pongo a veces de energumeno. Cómo le place a usted que le presente mis disculpas, ¿de rodillas? (pose de caballero)

    Ay.

    Yo jamás quise molestarte con mis idioteces.

    Lo siento.


    Abrazo grande.

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    1. Si vuecencia se pone de rodillas desenvainaré mi espada para nombrarlo caballero, un toque en cada hombro basta... ya está solucionado el malentendido, así que podemos seguir leyéndonos mutuamente sin temor a sucesivos improperios.
      Abrazo de oso ;)

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  12. Ya quisiéramos para nosotros un fin de año así de romántico.....Improbable sí, pero que sería de nosotros sin la imaginación? Hay que aspirar a la perfección y para tus protagonistas, puede decirse que la has alcanzado. Muy realista la actitud de Lucía antes de llegar a la fiesta, y muy coherente después, dados los acontecimientos. Qué bonita es la juventud y qué momentos inolvidables!

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    1. La imaginación al poder, Fina, estás en lo cierto, y también en que la juventud es maravillosa, aunque también podría darse algo así entre más maduras como nosotras, ¿no crees? ;) Muchísimas gracias por pasarte a leerme y además dejar un comentario tan bonito. Un besazo, corazón :)

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  13. ¡Qué gran historia Eva! Que dan muchas ganas de enamorarse así, con ganas, sin pensar mucho.
    Y otra cosa ¡Viva la diferencia! Si yo fuera una chica que le gustaran las chicas, o un chico que le gustaran las chicas, sin duda habría elegido a la maquilladora antes que a las maquilladas.
    Un relato fresco, natural, espontáneo, que me reconcilia con las fiestas de fin de año.

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    1. Me alegro muchísimo que te hayas reconciliado con las fiestas de Fin de Año, porque yo tampoco soy muy partidaria de ellas, pero reconozco que son una manera inmejorable de enamorarse así de sopetón. Al menos es lo que escucho por ahí, que, como en las bodas, hay muchas parejas que se conocen en esa noche tan señalada. Y sobre la diferencia, ya sabes que es lo mío, como dice Juan Antonio, prefiero lo alternativo, quizás porque yo también soy un poco así, fuera de lo común (rara, rara, hablando claro, jajajaj), pero el máster sobre el tema lo tendrás en "Cuando las nubes están rosas, es que va a llover", verás como entonces sí que gritas: ¡Viva la diferencia! ;)
      Muchas gracias por pasarte y comentar, Isabel, además de compartir mi relato, un besazo, corazón :)

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    2. Estoy deseando que llega Reyes para regalárselo a mi hijo, y como vivimos en la misma casa se "lo robaré" para leerlo yo también. Un 2 X 1 jeje
      Muchos besos Eva y gracias a ti por escribir como escribes.

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    3. Pues está al caer... Gracias a ti por leerme, Isabel, siempre :) ¡Besos!

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