jueves, 9 de noviembre de 2017

Poco importa ya



Acabo de ser abuelo por segunda vez. Rosalinda le pusieron, y se me hizo un nudo en la garganta al verla. “Como lo repites tanto últimamente… nos gustó”, me explicó mi nuera y le sonreí emocionado. A la mayor quisieron llamarla como mi difunta esposa. Mi hijo puso a la venta mi piso y me llevaron a vivir con ellos en cuanto los médicos sentenciaron que estaba empezando a perder la cabeza. Mi nuera es huérfana desde muy joven, por eso me trata como si fuera su padre, aunque sé que a veces no me doy ni cuenta. Por eso cuando estoy lúcido le insisto en que es demasiado buena conmigo.   

A finales de octubre les dije que quería volver a México, me miraron creyendo que era otra de mis crisis, y no tuve más remedio que explicarme. “Allí conocí a Rosalinda. El Día de los Muertos tengo que honrar su memoria, antes de que la mía se apague definitivamente.” No quisieron dejarme solo, durante el vuelo me vi obligado a contarles la historia, los que sufrimos mucho en el pasado no solemos hablar de él, y yo tampoco es que sea hombre de muchas palabras. 

Era la hija del dueño de la hacienda en la que trabajé poco más de un año, para pagarme el billete de vuelta a la costa gallega que me vio nacer. Su padre me entregó una carta de recomendación, apenado por tener que desprenderse de su mejor capataz. De haber sabido lo nuestro dudo que hubiera sido tan generoso. O tal vez sí, porque muchos años después me escribió para contarme que su hija se había quitado la vida el mismo día de su boda de camino al banquete. Solo yo entendí por qué lo hizo, o quizás él lo fue intuyendo con el tiempo; o bien, rebuscando con nostalgia en su habitación cualquier recuerdo que le avivara su presencia, encontró algo que le llevó hasta mí, y creyó que tenía derecho a saberlo.  

Entonces no pude llorarla, mi esposa estaba a punto de hacerme padre y no quise preocuparla. Me guardé lo que sentía, aunque a mí no pude engañarme. El amor que me inspiraba aquella dulce criatura era sincero, y me aferré a eso tratando de no olvidarlo jamás. Amé a la compañera de mi vida por comprenderme sin necesidad de palabras, las mujeres siempre saben más de lo que dicen saber. Hace poco la enterré consciente de haber perdido a quien mejor me entendió, incluso mejor que yo, porque hasta el padre de Rosalinda se dio cuenta de que la amaba más de lo que me reconocía a mí mismo.  

Era un hombre trabajador y austero, pese a ser el propietario de la plantación de caña de azúcar más grande de los alrededores. Su única hija tenía catorce años cuando la conocí, quince recién cumplidos cuando se mató. No me llamó demasiado la atención, a mis veintidós años me pareció una cría. Poco pecho y estrechas caderas, sedosa melena negra por la cintura y largos vestidos en colores claros que le cosía su madre. Supongo que fue eso lo que me cautivó, el contraste con su bonita tez morena y la curiosidad con la que me escrutaban sus ojos oscuros. Imagino que a ella le sucedió lo mismo, fueron mi piel blanca e iris azules los que hicieron que se fijara en mí. 


Nunca le hice caso al ser la hija del patrón, estaba allí para trabajar y tampoco me relacionaba demasiado con los demás. Los encargados y toda la cuadrilla solían emborracharse en la taberna al acabar la jornada, yo prefería la cerveza al tequila, no seguía su ritmo y me retiraba antes a dormir. Precisamente fue en mi cama donde me la encontré desnuda la víspera de mi partida, llegué más tarde de lo habitual, insistieron en despedirme como es debido y se había dormido entre mis sábanas. Me quité la camisa y se la puse para no tener a la vista su virginal belleza, se despertó entre mis brazos e intentó besarme, pero se lo impedí. Noté el dolor que le produjo verse rechazada y le acaricié la mejilla. “Estás prometida, y yo me voy mañana.” “Quiero que seas tú, no me gusta el que me han buscado mis padres.”

Estuve tentado, la verdad, aunque no lo hice. Supongo que la quería demasiado como para desflorarla y marcharme después sin más. Así que me convertí en Sherezade por una noche para entretenerla hasta el alba, contándole la única historia que sabía. La mía. No volví a relatársela a nadie, y ella fue la primera que la escuchó. Sus bonitos ojos negros abiertos a más no poder, al conocer mis vicisitudes hasta que su padre me ofreció trabajo. Se llevó mi camisa al amanecer, y el beso que me suplicó que le diera. Eso no pude negárselo, su piel desprendía el atrayente olor de la vainilla que ayudaba a recolectar con las demás mujeres en la hacienda. Su boca cálida me dejó sin aliento poniendo de manifiesto sus deseos, y tuve que redoblar mis esfuerzos para reprimir los míos.

Con mi hijo y mi nuera no entré en tantos detalles, porque me perdí entre los recuerdos y no conseguí expresar todos los que revoloteaban por mi mente. Por las calles abarrotadas el estallido de color se confundía con la algarabía de la música y los disfraces, me dejé llevar mezclándome entre la masa de gente que celebraba la muerte. Doncellas bailaban y cantaban por doquier, transportándome a un pasado que ya no se me antojaba tan lejano. De repente una de ellas me asió del brazo, la reconocería entre un millón pese a la máscara de maquillaje, su preciosa melena recogida adornada con flores. “Sabía que cumplirías tu promesa”, me susurró al oído. Me extrañó que fuera capaz de ver a su amor de antaño bajo mi decrépito aspecto. “¿Todavía me recuerdas?”, conseguí decirle a duras penas. “Cómo olvidar esos ojos…”, volvió a musitar acariciando mis arrugas con sus finos dedos. Y la besé.

Sus labios se descompusieron entre los míos, confundidos en medio del ensordecedor festejo que nos rodeaba, hasta que una luz brillante me cegó. “Fallo cardíaco, no pudimos hacer nada”, dijo el doctor saliendo del quirófano y lo seguí curioso por saber qué ocurría. Mi hijo lo miraba más pálido que nunca. ¿Mi corazón no late?, me pregunté extrañado, pues me sentía más ligero que nunca, como si me hubiera quitado un enorme peso de encima. A mi nuera le corrían las lágrimas por las mejillas con la pequeña en brazos, le acaricié la cabecita al pasar, procurando no interrumpir su siesta, sonreía en sueños. La mayor me miró sorprendida exclamando: “¡Abuelo, eras mucho más guapo de joven!” “Cuida de ellos por mí”, le dije a modo de despedida guiñándole un ojo, y me aferré a la mano que me obligaba a alzar el vuelo. Poco importa ya que sus cabellos me olieran a moho, o que su beso me supiera a tierra removida, porque ya no lo noto. Ahora ella vuelve a ser la preciosa adolescente de la que me enamoré perdidamente en mi juventud, y yo aquel chico que puede al fin hacerla suya para siempre. ¡Qué digo, para siempre…! ¡Para toda la eternidad!

by Eva Loureiro Vilarelhe 

  



33 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Muchísimas gracias, Juan Antonio. Me encanta cómo te nos presentas en tu perfil, por cierto, muy acorde a tu manera de escribir. Abrazos otoñales.

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    2. Gracias a ti, eres muy amable. Abrazos de noviembre.

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  2. ¡Hola Eva!
    Regreso para disfrutar de nuevo, con esta sensacional historia que hoy nos compartes y que se trata ni más ni menos, que de una fantástica historia de amor que traspasa los límites de la realidad. Dicha trama parte de una anécdota cotidiana, como el nacimiento de Rosalinda, segunda nieta del protagonista, para a través de un viaje a México en busca del recuerdo de otra Rosalinda, la primera en su vida y quien dejó marcado su corazón, nos relata como acontecieron esos hechos del pasado, es decir, su relación con aquella jovencísima pretendiente en aquellas tierras lejanas, que es donde también va a tener lugar otro acontecimiento importante del relato, es decir la parte más creativa, a mi modo de ver y donde la fantasía hace posible que el protagonista crea volver a encontrarse con su amada Rosalinda celebrando precisamente la fiesta de difuntos, lo que le produce tal shock que termina falleciendo, pero feliz tras poderse despedir de sus familiares y regresar al lado de Rosalinda, jurándola amor eterno.

    ¡Estupendo relato, amiga Eva!

    Un abrazo enorme y muchos besos.

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    1. ¡Hola Estrella!
      Un placer que te pases por aquí y seas tan amable de dejar un comentario tan detallado sobre mi relato. Tan solo una salvedad haría a tu correcto resumen. En México están convencidos de que los difuntos regresan el día de los muertos para visitarnos, por eso engalanan sus tumbas e incluso les dejan sus alimentos preferidos como ofrenda. De ahí que el protagonista logre encontrarse con su amada, un tanto mohosa y desprendiendo un regusto a tierra removida, eso sí, pero al morir sus espíritus recuperan la juventud y lozanía con la que se conocieron, por lo que "poco importa ya"... Me alegro de que te haya gustado y muchísimas gracias por leerme. Abrazos de noviembre y muchos besos para ti también.

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  3. Buffffff!!!! Me ha costado retener las lágrimas, pero entro a trabajar y no era plan.
    Precioso de principio a fin.

    Un abrazo.

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    1. Caramba, David, tú sí que me has emocionado con tu comentario... Que tengas un buen día y muchísimas gracias por leerme antes de ir a trabajar. Un abrazo enorme.

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  4. Ohhh, Eva, de los relatos preciosos que he leído en la web. No exagero. Cuánto sentimiento, cuánta ternura, qué personajes tan deliciosos, cada cual con su pasado y su historia. Me ha emocioanado tu relato, y me quedo con ese "me guardé lo que sentía, aunque a mí no pude engañarme".
    ¡Muchos beso, solete!

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    1. Chelo, eres un encanto. Gracias por tener la gentileza de dejar un comentario, es un placer que lo hayas disfrutado. Muchos besos para ti también, corazón.

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  5. Este me lo guardo, leído a vuela ojos, ya te diré. He tenido una semanita liada, y, para no diluirme, preferí terminar tu libro de "Predestinados" antes de leerte otros relato.
    Amenazo con volver...y ya te digo Eva.

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    1. La excusa alegada me vale de sobras para disculparte, Tara, jajaja, eso sí, espero que cumplas tu amenaza... ;) Ya me dirás, por lo de pronto muy feliz con lo que me has dicho de mi novela. Mil gracias por tu sinceridad. Abrazos de noviembre.

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  6. Precioso relato Eva. Que sentimientos puede guardar una persona cuando el amor es verdadero. Encontrarse en el más allá con la persona amada. Me ha encantado. Un abrazo

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    1. Muchísimas gracias por pasarte, María del Carmen, y ser tan amable de dejar un comentario. Me alegra saber que te ha gustado, es un placer para mí escribir y si además alguien lo disfruta, pues mucho mejor. Un abrazo de noviembre :)

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  7. Excelente relato, me gustaría promocionarlo en relatocorto.com, si estás interesada sigue este vínculo para saber más. https://goo.gl/3p2Pjq

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    1. Muchas gracias, Sebastián, un honor que te haya interesado.

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  8. Qué bonita historia, Eva, me ha conmovido. Siempre se dice que la muerte nos quita a los que más queremos, pero en este caso ha sido justamente al revés: la muerte ha servido para unir a la pareja por siempre. Tierno, romántico, y muy bien narrado, ¡tu relato lo tiene todo! :)

    Un beso de finde.

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    1. Hola, Julia, no sabes lo feliz que me hacen tus palabras. Es bonito soñar con que todo es posible, y ponerlo por escrito me ha servido para valorarlo más si cabe. Me alegro de que te haya gustado y te agradezco muchísimo el comentario, así como que te hayas tomado la molestia de pasarte por aquí para leerme. Besos y feliz fin de semana ;)

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  9. Un relato adecuado para estos días pasados de difuntos o de finados. ¿Quién ha dicho que no puede haber romanticismo en una historia de zombis o muertos vivientes?
    Has demostrado con creces que la sensibilidad puede encajar en cualquier género.
    Un abrazo con los brazos Eva, de Isabel.

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    1. Muchas gracias por cumplir tu amenaza, Isabel. Lo que sentimos no entiende de barreras y la muerte es solo una más, quizás no tan insalvable como se nos antoja, o al menos puede verse así, ¿no te parece? Me envuelvo entre tus brazos y espero que notes la calidez de los míos, compañera de letras.

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  10. ¡Hola Eva! Un relato conmovedor y precioso. Acostumbrada a leer tus relatos de humor, me complace leerte en este registro también, porque logras transmitir una gran emoción. A veces hay que esperar para encontrar o reencontrarte con el amor verdadero, pero al final, todo tiene su recompensa. Lo bueno de los relatos y de escribir es que todo es posible, incluso después de la muerte.
    Delicioso, Eva.
    Un besazo, guapísima.

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    1. Muchas gracias por leerme y ser tan amable de dejar un comentario, Ziortza. Me alegro de que te guste también en este cambio de registro, es una historia que me apetecía contar después del humor cáustico con el que traté el tema del día de Difuntos en el relato anterior, porque estás en lo cierto, a la hora de escribir todo es posible. Un beso enorme de fin de semana para ti también, guapa :)

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  11. Qué relato más tierno, está lleno de sentimientos que duran en el tiempo. Él pensó que le hacía un favor marchándose pero al final ella tenía claro lo que sentía. Me ha gustado la relación entre el protagonista y su nuera, es muy dulce.
    Un besito, y felicidades por este relato.

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    1. Muchas gracias por tener la amabilidad de leerme y dejar un comentario, María. Prometo pasarme más a menudo por tu blog, que también merece la pena. Me alegro que te haya gustado la relación que el protagonista mantiene con su nuera, no siempre van a ser el suegro o la suegra los malos de la película, ¿no te parece? ;) Feliz inicio de semana y besos de noviembre, guapa.

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  12. Un relato muy completo este que nos traes Eva. Empiezas con una historia que parece familiar, una historia más de un anciano que va perdiendo la memoria, luego nos llevas hasta su juventud de la mano de Rosalinda (que bien has encajado su aparición con el nacimiento de la segunda nieta) y creas un misterio en torno a lo que le ha ocurrido, que el protagonista nos va desvelando. Y finalmente nos trasladas hacia la difusa línea que separa la vida de la muerte para dejarnos un final que mezcla ternura y misterio. Narrado con frases cortas entre las que intercalas de vez en cuando alguna más larga, que le dan velocidad y cierta dosis de introspección. Me ha gustado mucho. Un saludo.

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    1. Hola, Jorge,
      Gracias por pasarte y ser tan gentil de dejar un comentario tan minucioso. Es un placer que te haya gustado mi relato, he intentado plasmar una historia un tanto singular procurando no caer en la sensiblería, por lo que me alegro que te haya llegado. Saludos otoñales y gracias una vez más por leerme.

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  13. Parafraseando la clásica proclama nupcial: lo que la vida separó, que la muerte lo una. Es una historia preciosa en la que la realidad y la magia se entremezclan de manera natural gracias a ese conocimiento de esa celebración mexicana. Me ha derretido esa frase de inicio: "El Día de los Muertos tengo que honrar su memoria, antes de que la mía se apague definitivamente." Y es que la vida es ilusión y recuerdo, la realidad perceptible ocupa muy poco espacio. Me encantó, Eva. ¡Un abrazo!

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    1. Coincido plenamente contigo, David, la vida no es nada sin recuerdos, por eso sufro como propia la congoja de aquellos que son conscientes de que los suyos se le escapan e impotentes asisten a su deterioro lento, pero implacable. Gracias por reparar en esos detalles que en definitiva son los que hacen que relatos funcionen. Y te agradezco también que te hayas pasado para leerme y dejar un comentario, por supuesto.
      ¡Enorme abrazo, David!

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  14. Muy bonito Eva, me has atrapado desde esa frase inicial que comenta el compañero David. Me gusta esa manera que tiene el protagonista de devolverle amor y aunque sea en la muerte se encuentran, muy bonito y muy acertado ese olor a humedad y a tierra.
    No sabía de esa tradición del dia de los muertos mexicana, pero me gusta la idea de ese amor que no se desvanece y que al final después de dificultades aún persiste, lo que fue sigue siendo.
    Felicidades.
    Un saludo

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    1. Muchas gracias por pasarte, Conxita, y ser tan amable de compartir tus sensaciones. El amor puede con todo, incluso con el desagradable olor a moho y a tierra removida, porque no hay nada comparable a recuperar al que consideraste como tal, sobre todo si no has podido disfrutarlo en vida, ya poco importa que sea después de la muerte, lo bueno es que es al fin, como bien dices. Reitero mi agradecimiento por tu visita, Conxita.
      Saludos de noviembre

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  15. ¡Hola, Eva!
    El amor no entiende de tiempos, es eterno. Como en este relato tan precioso.
    Me alegro que al final aun pasando una vida entera alejados se hayan por fin reencontrado.
    Un beso.

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    1. ¡Hola, Irene!
      Yo me alegro de que ya haya gustado, además de tu gentileza al dejar un comentario tan bonito. Muchísimas gracias por todo.
      Besos de noviembre.

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  16. ¡Hola Eva! Llegué a tu relato de casualidad y me encontré con una hermosa historia. Me encanta como esta escrito, relatas de manera excelente un amor que llega a ser eterno. ¡Felicidades por este relato, saludos!

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    1. ¡Hola, Mauro!
      Antes de nada bienvenido seas, aunque haya sido fruto de la causalidad... Muchas gracias por tener la amabilidad de, además de leer mi relato, dejar un comentario, y por supuesto me alegro de que te haya gustado. En cuanto pueda me paso por tu blog.
      Un abrazo.

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