jueves, 23 de noviembre de 2017

Me muero de miedo


Noto la claridad a través de mis párpados. Ayer mamá olvidó cerrarnos la persiana. En realidad no estaba para esas cosas. Hecha un trapo la dejó, debe de haberse quedado dormida tirada en el pasillo. Manu duerme todavía. Al escuchar su tranquila respiración me da la sensación de que todo ha sido un sueño. De que la locura de anoche fue tan sólo eso. Una pesadilla. Pero al frotarme los ojos siento mis brazos doloridos. Seguramente me habrá dejado marcas. Como de costumbre. También me duele la barriga. Aunque eso es porque no pudimos ni empezar a cenar. 

Sentimos cerrarse la puerta de entrada de un portazo y mi hermano corrió a esconderse a nuestro cuarto. Ahora ya lo hace siempre por si acaso. Primero se mete en el armario y, si después de un buen rato no oye gritos, sale. Aparece en la cocina y le miente, disculpándose porque estaba en el baño. Mentir. Es lo que llevo haciendo desde que sé hablar. "Es que mi madre se ha caído por las escaleras, y a mí tuvo que agarrarme papá para que no me cayese detrás." Ya lo repito sin inmutarme, y Manu calla chupándose un dedo porque se pone nervioso. Pero es que la verdad es tan difícil de admitir que preferimos mentir. Mentir antes que admitir que nuestro padre es lo que es. Un monstruo.

Manu bosteza y me mira fijamente. No estoy seguro de que esté completamente despierto. Le sonrío y se echa a llorar. Entonces me meto en su cama y lo abrazo. Intento que se calme para que no lo oiga. Sino igual comenzamos tan mal el día como lo acabamos ayer. Le susurro la nana que me solía cantar mamá de pequeño. Él ya no tuvo esa suerte. Ni siquiera puedo decir cuándo fue la última vez que la escuché reír. Tampoco soy muy consciente del momento en que empezaron a torcerse las cosas. 

En el álbum del salón hay algunas fotos en las que estamos ella y yo con papá, los tres sonrientes. Mucho antes de que naciese Manu. Mucho antes de que se pudiesen grabar esas imágenes en mi memoria, porque a él lo recuerdo siempre enfadado. O durmiendo. Los días que se queda dormido más de la cuenta nos da un respiro. Procuramos hablar muy bajito y aprovechamos para acurrucarnos con mamá en el sofá. Dándole besos abrazados a ella, intentando no tocarle donde le duele. Por una vez descansando despreocupados. 

En cuanto se levanta regresamos a nuestros puestos. Mamá a la cocina o a limpiar, y nosotros a nuestra habitación. A fingir que hacemos los deberes, mientras aguzamos el oído para comprobar qué nos espera. Si está de buenas, con suerte no lo vemos hasta la hora de la cena. Si está regular, le grita insultándola por esto o lo otro, le da igual. Si está de malas, me echo a temblar. Porque jamás sabemos lo que puede pasar. 

Me aterroriza pensar en que llegue a matarla. O que me mate a mí por meterme en el medio, como hago cuando está tan fuera de sí que no se da ni cuenta de que va a acabar con ella a palos. Y no lo entiendo. No me explico cómo le pega tanto diciendo que la quiere. Si eso es amor, prefiero que no me quieran nunca. Pero eso no es amor. Amor es lo que siente nuestra madre por nosotros. A pesar de que no se quiera a sí misma lo suficiente como para librarse del monstruo que nos está destrozando la vida. A veces la odio por eso. Porque por su culpa papá en una de estas va a tomarla con nosotros dos. Y me muero de miedo, temiendo que un día acabe devolviéndole cada uno de los golpes que arruinaron mi infancia. Porque si llega ese día, no lo cuenta.    


by Eva Loureiro Vilarelhe

22 comentarios:

  1. Hola Eva,
    Qué relato más duro. Pobres los niños que crecen con violencia, haciéndose mayores antes de tiempo, con el terror impreso en el alma. Es injusto y me produce una pena inmensa. Nadie se merece vivir así.
    Un beso enorme.

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    1. Hola Irene,
      Nadie se merece vivir así, pero los niños menos que nadie. Es muy triste.
      Gracias por leerme y compartirlo. Un besazo para ti también.

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  2. Duele. Es un escrito que duele porque todos sabemos que estas cosas ocurren más a menudo de lo que admitimos. Tus vecinos (y nos hacemos los sordos y los ciegos), tu compañera de trabajo que llega con moretones (y nos hacemos los ciegos y los sordos), el alumno o alumna de tu colegio con retraso escolar que no se atreve a contar lo que ocurre en su casa (y nos hacemos los sordos y los ciegos).
    Duele mucho tu testimonio Eva, porque además lo has contado desde la boca de los niños.

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    1. Sí que duele, Isabel, y me sabe mal tener que contarlo, no te creas, pero como bien dices hay que abrir los ojos y aguzar el oído para dar testimonio de lo que ocurre. Por mucho que duela.
      Muchísimas gracias por pasarte, corazón, te mando un beso al paraíso.

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  3. Cuántas tragedias domésticas, que nadie contará, cuánto dolor y cuánta impotencia por lo que siempre podría haberse evitado. Leyéndote es posible sentir el miedo de un modo físico. Hay que contar estas realidades, por más duras que resulten, para despertar las conciencias.

    Un abrazo, querida Eva

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    1. Sí que es así como dices, despertar conciencias me duele en el alma, pero es necesario seguir haciéndolo, mientras existan los "días de" es que algo va mal, y por lo tanto debemos intentar enmendarlo como bien podamos...
      Un abrazo, querido Juan Antonio, y millones de besos por ser tan amable de pasarte por aquí de nuevo.

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  4. Qué duro y qué bien lo cuentas, Eva, transmitiendo cada emoción, cada sentimiento de estas pobres víctimas que, a base de telediarios e historias más o menos cercanas, imaginamos con tanta nitidez. Esperaba ansiosa el final del relato para saber si el monstruo se llevaba al fin su merecido, pero solo nos dejas la promesa velada. ¡Suficiente para mi! Ojalá que le llegue y le llegue pronto.

    ¡Un beso de jueves!

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    1. Su merecido se lo llevará, seguro, de eso no te quepa duda, de un modo u otro, todos recogemos lo que sembramos, pero prefiero que no sea su propio hijo quien se manche las manos... crecí escuchando eso de que no hay nada más feo que pegarle a un padre, y al hacerme mayor preferí enmendarlo por no hay nada más feo que pegarle a alguien. Porque cualquiera merece nuestro respeto, y llegar a las manos solo indica que se ha caído en la sinrazón, que ha fracasado el diálogo o incluso la cordura. Un niño maltratado es un adulto maltratador en potencia, tengámoslo siempre presente, y por eso mi chico se muere de miedo, por si se convierte en ese monstruo que ve reflejado en quien debería ser para él un ejemplo a seguir y una eterna fuente de amor. En fin, que el tema da para mucho, querida Julia...
      Muchas gracias por ser tan gentil de leerme, dejar un comentario y compartir mi humilde relato. ¡Un beso enorme!

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  5. Durísimo y tristemente real. Emociona y duele tu relato Eva.

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    1. Gracias por tus sentidas palabras, Marta, y por leerme. Besos

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  6. Jo, de por sí son duros los relatos sobre la violencia de género. Pero si los protagonizan niños puff... estupendo relato con el que hemos sentido ese miedo, esa angustia que padecen quienes sufren al maltratador. Sobrecoge esa imagen de ellos en silencio, comprobando el ánimo de ese padre, o la de ellos con la madre en el sofá. En fin, ojalá no hagan falta relatos como este nunca más. Un fuerte abrazo!

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    1. Es que me los imagino así, David, como en los cuentos en los que intentan no despertar al ogro y se te encoge el corazón cuando pisan una rama... con la diferencia de que esto no es ficción, no aparecerá ningún hada buena para salvarlos milagrosamente, y por eso resulta tan duro. Comparto tu opinión, ojalá no tenga que escribir nunca más sobre este tema, ese día en que todo esto esté superado y se convierta en un triste recuerdo de una pesadilla.
      Muchísimas gracias por leerme, comentar y compartir, David, un fuerte abrazo para ti también :)

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  7. Es una realidad que lamentablemente se viven en muchos hogares,no se le puede llamar hombre al que abusa física o psicologicamente de otra persona y los que mas sufren son los mas pequeños,eduquemos a los mas chicos inculcandoles el sentido del respeto hacia todas las personas,creo que todo parte de allí,de la educación,saludos eva.

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    1. Estás en lo cierto, Pedro, la educación es fundamental y la base para una sociedad justa e igualitaria. Por eso me sorprende tanto que hoy por hoy las estadísticas muestren que la mayoría de los chicos jóvenes vean como algo normal el castigo físico a sus novias. Es una labor de todos enseñarles que eso NO es lo que deben considerar normal.
      Muchísimas gracias por tu visita y tu amable comentario. Saludos :)

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  8. Ufff!, desgarrador Eva,...es necesario acabar con esto, nuestra sociedad no puede consentir que esto siga pasand!

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    1. Ojalá entre todos seamos capaces de poner fin a esta situación que se repite día sí, día también, Toño. Muchas gracias por pasarte a leerme, y por tener la amabilidad de dejar un comentario y compartir mi relato. Besos de noviembre.

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  9. Me parece estupendo que también utilices tu saber hacer con las letras para tratar este tema de la violencia de género, a través del ser más inocente y que desgraciadamente lo vive y nos lo cuenta en primera persona, como lo es ese niño.

    Un abrazo.

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    1. Es una desgracia que tengamos que seguir ocupándonos de este tema a estas alturas, Estrella, personalmente me resulta muy duro tratarlo, porque siempre acabas conociendo a alguna víctima en tu entorno... Muchas gracias por tener la amabilidad de dejar un comentario después de leerme.
      Abrazos de noviembre

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  10. Hola Eva.
    Me ha gustado la forma de contar.
    Gracias.

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    1. Gracias a ti, Suso, por leerme y tener la gentileza de dejar un comentario. Saludos :)

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  11. Creo que es el primer relato tuyo que no me hace sonreir en ningún momento. Siempre he sido más de abrazos que de golpes. Te mando uno ENOOOOOORRRRRMEEEEEEEE(un abrazo, se sobreentiende ;))

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    1. GRACIAAAASSS, David, de verdad, no veas lo que me cuesta a mí reflejar estos temas, en los que no puedo echar mano de mi sentido del humor para quitarle hierro al asunto, porque en el fondo y en la superficie no tienen ninguna gracia.
      Te agradezco que lo hayas compartido diciendo que demuestro que los monstruos existen, sabes, porque son los únicos que me han dado miedo de verdad, a los de “mentira” siempre los he admirado, porque creo que son más sensibles de lo que parecen, nada que ver con el energúmeno de este relato...
      Reitero mi agradecimiento por tanto por tu lectura como por tu cálido comentario. Me llegan tus abrazos, que lo sepas ;) (y me encantan :)) ¡Otro gigante de vuelta!

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