jueves, 16 de noviembre de 2017

Como me llamo Ana



Bliss, bliiisss. Una suave ráfaga de brisa marina revuelve los mechones rebeldes que se resisten a sujetarse en mi improvisado moño sujeto con una pinza. Insisto en retenerlos en lo alto de mi cabeza y retiro con cuidado el que se ha quedado enredado en mis gafas de sol. Las risas de los niños resuenan en la orilla, soy capaz de identificar la de los míos desde donde estoy, pese a que apenas los distingo del montón de críos que corretean por la playa. La mayor ha hecho migas con otra chica de su edad que se aloja en el hotel, y las veo agachadas observando una estrella con inusitado interés. Me sorprende gratamente, ya que nada parece digno de su atención de un tiempo a esta parte, y me recuesto de nuevo en la toalla con placentera parsimonia, tras comprobar de reojo que el socorrista no les quita la vista de encima desde su silla-pedestal. 

Bliss, bliiisss. Fernando ronca ya a pierna suelta a mi lado y me da la risa al escuchar uno de sus característicos bufidos. Me incorporo para verle la cara, a no ser que estire el cuello en modo jirafa su abultado vientre me lo impide, y prefiero verificar si tiene puesto el gorro. El sombrero de paja que se compró nada más llegar para cubrir su incipiente calva le cubre parte del mentón dejando al descubierto su coronilla. Se lo retiro con cuidado de no despertarlo y decido aplicarle más protector solar antes de que se ponga colorado. Hace un par de días que vinimos y yo ya tengo marcas del bikini. Mejor prevenir que curar. Él es muy moreno, pero el chico de la farmacia me advirtió que en el Caribe se puede coger una insolación casi sin querer. Su abundancia de vello en el pecho me hace cosquillas en los dedos, y recuerdo la escena de anoche sonriendo ensimismada.

Bliss, bliiisss. No me extraña que adelgace cuando estamos de vacaciones, aparte de porque no le queda tan a mano el bar de enfrente de su oficina –las apetecibles tapitas que se toma de aperitivo son las culpables de que luzca cintura de luchador de sumo–; es que apenas le dejo pegar ojo por las noches. Yo me quedo roque en cuanto acabamos, pero él a partir de determinada hora se desvela y no coge el sueño hasta bien entrada la madrugada. Eso sí, a él tampoco le parece nada mal que nos desquitemos de lo poco que lo hacemos por semana. Entre lo cansado que vuelve de trabajar y lo frita que me quedo yo en cuanto cojo la cama… Además, me encanta que mientras desayunamos me susurre que estaba muy guapa durmiendo, tosiendo con disimulo para que no lo escuchen los niños.


Bliss, bliiisss. Aprovecho los restos de crema para extenderlos por mis pantorrillas y vuelvo a echar una visual hacia la orilla. Javier está construyendo una fortaleza con la ayuda de su nueva pandilla, mientras Blanca pasea charlando con su amiga. ¿Cómo se llamaba? ¿Marta? Sus padres nos han invitado a cenar con ellos, al atardecer hay un festival en el pueblo y les parece que no debemos perdérnoslo. Antes iremos a dar un paseo en barca, Fer quiere echarse a bucear a ver si le mete el gusanillo a Javi. Blanca ni loca, en eso se parece a mí. ¡Qué día tan precioso está, por favor! ¡Menuda sensación de relax! La arena blanquísima impoluta brilla bajo este maravilloso sol, y el cielo está tan azul que se refleja con hiriente nitidez en las aguas cristalinas. 

Bliss, bliiisss. Moooocccccc. El bocinazo me coge desprevenida y salto enseguida “¡Serás capullo!” “¡Mamá!”, Javi me reprocha la actitud grosera desde el asiento trasero. “Lo siento, hijo, recuérdame que meta un euro en el bote de los tacos al volver a casa.” Un embotellamiento infernal nos tiene retenidos desde hace más de diez minutos y no me he fijado en que el semáforo se ha puesto en verde, solo veía el azul de aquel cielo… ¡qué le voy a hacer! Yo también tengo prisa, pero preferiría seguir relajándome en el Caribe, será… mejor no lo repito, o de lo contrario me voy a quedar sin cambio en la cartera. “A este paso no llego a inglés”, apunta risueño sin rastro alguno de pena. “Y tu hermana me va a matar por tenerla más de media hora esperando en el conservatorio…”, refunfuño a sabiendas de lo que me espera.

Bliss, bliiisss. Bliss, bliiisss. El sensor del limpiaparabrisas aumenta la cadencia al notar que por fin acelero. “Si quieres pasamos antes a buscarla a ella, total, cinco minutos más o menos… Helen me va a reñir igual por retrasarme.” Lo observo por el retrovisor antes de dar la curva y decido hacerle caso, giro a la derecha. Abre los ojos de par en par asombrado. “¿Mamá?” “¡Hoy no vas!”, el cielo encapotado apoya mi decisión y me echa un cable descargando su malhumor sobre la ciudad. “Con este diluvio será mejor que recoja a Blanca y nos tomemos un chocolate caliente en la cafetería de la esquina, ¿qué te parece?” Sus exclamaciones de júbilo no se hacen esperar.


Bliss, bliiisss. Bliss, bliiisss. Bliss, bliiisss. Bliss, bliiisss. El repentino aguacero desata escenas de pánico entre los viandantes en busca de abrigo bajo los soportales, y el tráfico se congestiona todavía más. A estas alturas ya tendría que haberlo dejado a él en la academia, Blanca debería estar sentada a mi lado sin hablarme de camino a su clase de danza, y yo empezando a volverme loca para encontrar sitio donde aparcar lo suficientemente cerca de los dos sitios, para no empaparme al ir buscarlos pese a estar bien provista de paraguas. Me niego. Mi nariz está más atascada que esta maldita avenida y llevo sin tomarme un respiro –nunca mejor dicho– desde las siete de la mañana. Además, Javi odia ir a más clases después de pasarse tantas horas en el colegio, y Blanca va por inercia, supongo que cualquier excusa es buena con tal de no tenerme delante.

Bliss, bliiisss. Bliss, bliiisss. Parece que amaina, a ver si puedo recogerla sin que se le moje el violín, sino se pondrá furiosa. De hoy no pasa, esta noche hablo con Fer. Con el dinero que nos ahorraríamos de todas estas inútiles actividades extraescolares podríamos irnos por ahí algún fin de semana. Los niños están tan estresados como nosotros, se aburren con lo que sea que hagan, y se pasan el día encerrados entre cuatro paredes. Mejor me los llevo de paseo las tardes que tenga libre, llueva o nieve. Blanca va a estar de morros de todas formas, así que por lo menos Javi se lo pasará en grande. Y las próximas vacaciones nos vamos al Caribe, como me llamo Ana. O a las Canarias. A un paraíso de esos que nos haga olvidarnos de nuestra rutina durante una semana, que ya estoy harta de imaginármelos, quiero deleitarme de una vez por haber estado allí. O mejor quince días. Como me llamo Ana que vamos.


by Eva Loureiro Vilarelhe

21 comentarios:

  1. Paraísos perdidos pero recuperables... a tiempo parcial. Me encanta el bliss, bliiisss. Hasta que la realidad nos zarandea y se impone con toda su crudeza.

    Como me llamo Juan Antonio. (Más besiños.)

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    1. Di que sí, Juan Antonio, al menos a mí me ocurre a menudo, con la cantidad de veces que sueño despierta, la realidad me zarandea tratando de recuperar mi paraíso particular, como me llamo Eva.
      Me encantan tus besiños, van más de vuelta ;)

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    2. Ahora caigo en que has transformado el "cogito" cartesiano en la cabecera de tu página de Google+ con gran acierto. Y, con permiso del gran René, a quien no podemos dejar de admirar, te diré que no es menos radical ni menos cierto. Escribir es una excelente forma de saberse vivo.

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    3. Me encanta que te hayas fijado en esos pequeños detalles que hacen la vida más bella y apetecible, Juan Antonio :)

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  2. Genial relato guapa, ¡cómo nos afecta la rutina y nos agota! Las vacaciones van bien, sobre todo si se pasan en un paraiso, y soñar con ellas también.
    Me ha gustado mucho el significado del relato y tu manera de narrarlo. Un besito :))

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    1. Gracias María, creo que a veces necesitamos replantearnos las cosas, porque no somos máquinas como el limpiaparabrisas, que sigue el ritmo que le marcan sin agotarse. Es bueno tomarse un respiro de vez en cuanto, y si podemos en un sitio maravilloso, mejor. Besos, guapísima :)

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  3. Bliss, Bliiisss... Me dejo llevar y de repente también me encuentro en esa playa caribeña de arenas blancas... Porque soñar nos libera de la rutina como a Ana, que de lo contrario se volvería loca con su frenética rutina diaria.

    Estupendo relato, Eva, combinando la realidad con la imaginación a través de esa ocurrente onomatopeya imitando a la brisa o al sonido del parabrisas más bien...je,je,je

    Muchos besos.

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    1. ¡Qué bien que te hayas dejado llevar, Estrella! Creo que es lo mejor que podemos hacer para sobrellevar la monotonía de la vida cotidiana. Me alegro de que te haya gustado, y también que hayas tenido la gentileza de leerme y dejar un comentario.
      Muchos besos para ti también, amiga ;)

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  4. Las escapadas son necesarias, sobretodo para la gente de ciudad. Demasiado stres, demasiada presión, demasiadas prisas...
    Yo hace tiempo decidí hacerlas de vez en cuando, no al caribe sino a paraisos más cercanos. Y pienso seguir haciendolas, como me llamo David que las seguiré haciendo.

    Un abrazo

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    1. Toda la razón te doy, David, para muestra mi relato, jeje. Me encanta que tengas a bien pasarte por aquí y dejarme un comentario, que siempre son bien recibidos, y más viniendo de tu parte, sobre todo si hasta te identificas con mi protagonista, como te llamas David ;)
      Un abrazo enorme, de corazón :)

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  5. ¡Hola Eva!
    Menos mal que por lo menos podemos soñar cuando no tenemos más remedio que tirar "palante" en medio de la rutina. Si no es al Caribe donde sea, pero que la cabeza descanse un poco por favor...
    Has reflejado perfectamente ese ensimismamiento de la protagonista y el cambio bruco con la cruda realidad del tráfico en la ciudad.
    Me ha encantado. Un besazo, guapa.

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    1. ¡Hola, Ziortza!
      Esa expresión de tener un sueño reparador creo que nos viene al pelo, jeje, al menos creo que, como bien dices, nos sirve de ayuda para solventar el contraste con nuestra cruda realidad. Me alegro de que te haya gustado, gracias por leerme, comentar y también compartirlo. Un besazo para ti también ;)

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  6. Qué bien has retratado la vida cotidiana de hoy en día para muchos padres y madres, Eva. No es fácil relajarse y dejarse llevar como no sea soñando, pero espero que Ana, esta vez sí que sí, lo haga realidad :)

    Un relato ameno, entretenido, que sin querer nos transporta con total naturalidad e ficacia a esos escenarios que dibujas para nosotros con palabras. Yo, si se puede elegir, me quedo con el del Caribe :D

    ¡Un beso grande y feliz finde!

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    1. Puestos a pedir... el Caribe no estaría nada mal, ¿verdad? ;D Creo que cualquier pareja disfrutaría en un paraíso como aquel, incluso si tiene que andar atendiendo al par de críos que los trae de cabeza... descansar no sé si descansarían demasiado, pero relajarse y disfrutar de la vida, seguro.
      Gracias por ser tan amable de dejar un comentario y de compartir mi relato, guapa. Un beso enorme.

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  7. Escena cotidiana que retrata la monotonía de la vida diaria y la falta de expectativas en la que vivimos encerrados en nuestra rutina. Lo peor es que hemos contagiado a nuestros hijos encerrándolos en ese estilo de vida donde no hay espacio para uno mismo. Bliss bliss, a ver si el dios del tiempo nos permite escuchar ese sonido pronto por estas tierras del norte. Saludos, Eva.

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    1. Dices bien, Jorge, nuestros hijos acaban viéndose arrastrados por la vorágine de nuestras rutinas diarias, quizás solo nos quede invocar al paraíso del descanso para evitar males mayores, del mismo modo que tú clamas al cielo para que la lluvia riegue nuestras tierras quemadas. Todo llegará, o eso espero, pero por si acaso: Bliss, bliisss. Saludos otoñales.

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  8. Hay un viento de libertad y de alegría en tu contar. Ana, digo, Eva. Hay sobre todo, vida: el pelo suelto, la brisa que corre, la risa de los niños sean tuyos o no, la barriga de Fernando, su bufido, el buen humor que impregna esos momentos porque, sobre todo, repito, hay alegría de vivir, que renueva las vacaciones en el Caribe (o mejor en Canarias)
    Es un escrito blanco, sin aristas, ligero, incluso de vuelta a la cotidianidad, a los abrigos y a la rutina, porque la autora ha decido hacerlo ligero, grácil, simpático y lleno de luz aunque vuelva a llover.


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    1. Isabel, qué bueno que viniste, como se dice por ahí... porque hay una sutileza en tus comentarios que es de agradecer. Un día me escapo a las Canarias, como me llamo Eva, jajaja. Porque así podré recordarlas en mis ensoñaciones por haber estado allí, no por imaginármelas, y lo confieso, la lluvia me encanta, incluso cuando pega duro y hace la vida urbanita tan complicada como manejar un paraguas sin convertirse en un peligro público... por eso también prefiero un buen impermeable, y mojarme ;)

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  9. Esto se llama narrar con la naturalidad capaz de atrapar al lector. No hacen falta crímenes, ni misterios... solo con la fuerza de las imágenes se consigue. En este caso, transportándonos de un paraíso a un atasco lluvioso. Aunque, fíjate, yo soy más de esos chocolate con churros. Las escapadas están bien pero son algo excepcional, para mi la felicidad es mucho más cotidiana. No hace falta el caribe, sino encontrar un ratito cada día para disfrutar de ese chocolate. Un abrazo!!!

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    1. Sssshhh, David, no se lo digas a nadie, pero precisamente esa es la “tesis” de mi novela Predestinados, que la felicidad está en saber disfrutar de la pequeñas cosas. Es más, si te fijas bien, ese chocolate con churros con sus hijos es su “escapada” real. Gracias por tu precioso comentario, por leerme y compartirlo también, claro, y por estar ahí. ¡Un abrazo enorme!

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  10. Y yo me voy con ella, benditas vacaciones quién las tuviera cerca, pero bueno lo bonito es soñar y recordar los buenos momentos, como bien que hace tu protagonista.
    La rutina y las obligaciones diarias nos hacen correr como locos, y la tranquilidad que se respira esas dos semanas del año, :) Qué poco tiempo... jeje
    Un beso, Eva.

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