jueves, 27 de abril de 2017

Tengo un sueño


“Mi sueño...”, se me escapa en un susurro olvidando que no estoy sola. La señora levanta la vista y me mira fijamente, “¿Tienes sueño, querida? No me extraña, a saber a qué hora te has acostado ayer, jejeje. ¡Ay, juventud divino tesoro...! ¡Qué bien hacéis! ¡Aprovecha ahora! Mientras el cuerpo aguante... Hazme un favor, anda, tráeme una talla menos del pantalón, porque los vaqueros después ceden y no quiero que me queden flojos.” Asiento sin comentar nada, forzando una sonrisa al reparar en el botón a punto de reventar, incapaz de contener la lorza que le sobresale en la cintura. Antes les comentaba algo, ahora ya he aprendido, es inútil. Si quieren seguir vistiéndose como quinceañeras a los cincuenta, allá ellas. Yo ni mu, les traigo lo que piden y si me preguntan mi opinión miento, ¿qué voy a hacer sino? Mi madre les soltaría cuatro frescas, en plan, señora, haga el favor de vestirse como lo que es, no como una fulana, o algo por el estilo, ella que no se saca el traje de chaqueta de encima ni para estar por casa. Pero yo no me atrevo a tanto, además, no es asunto mío, a mí me pagan igual, no importa si vendo más o menos. Las acciones de Inditex siguen subiendo y mi salario no me da ni para alquilar un apartamento. En fin. “Tengo que ir al almacén, ahora mismo se lo traigo.” “¡Uy! No me trates de usted, que me haces mayor, jejeje.” Y me voy sonriendo sin responder. 

Por el camino me cruzo con mi supervisora, me indica un montón de ropa que debería estar doblada y no insiste al escuchar a su espalda: “Chica, tráeme también una menos de la camiseta, que estoy a dieta y seguro que el mes que viene me va grande.” Me giro para sonreírle de nuevo, prefiero no recordar lo apretada que le queda. Lo dicho, no es asunto mío, si después no puede ponerse nada de lo que compre, allá ella, que lo devuelva y listo. Katy me empuja bromeando al pasar por mi lado, suelta un par de risitas y me guiña un ojo. Me lo paso bien con ella, es la única capaz de arrancarme una sonrisa sincera aquí dentro, es una lástima que esté en la sección de niños, porque si hay mucho lío a veces ni nos vemos. “Después hablamos”, le entiendo decirme exagerando al gesticular. La música de ambiente y la cantidad de gente que hay en la tienda me impide escucharla. Con ella no me importaría compartir piso. Ella me comprende. Sabe que estoy desesperada. Harta de la rutina agobiante del trabajo. Yo no nací para doblar camisetas. Tengo un sueño. Sí. Lo malo es que lo he ido dejando y, claro, es lo que pasa, el tiempo pasa, y no he conseguido avanzar ni un ápice para alcanzarlo que digamos.

La señora me espera impaciente y me devuelve un montón de prendas, ya se ha mudado, lógico si en las que le traigo no entra. “Solo me llevo esto”, me dice convencida enseñándome otro buen lote de ropa. Le doy las gracias y me dedico a recoger la que deja observando cómo disfruta llevándose su botín a caja. Yo hace siglos que no me compro nada. Con esto de ahorrar para irme a vivir con Fran gasto lo mínimo. Y en el fondo me pregunto si vale la pena. No. Al menos irme con él. Preferiría estar sola. Mi casa, mis cosas, y punto. Lo que pasa es que no puedo permitírmelo. A Fran le molesta todo lo que hago. Si pongo música no le gusta.  Si la tarareo menos. Si salimos con todos no puedo reírme de las bromas de sus amigos. Si salimos solos parece que se aburre. Todo se reduce al sexo, y tampoco es que sea para echar cohetes. Katy siempre me pregunta qué hago con él y tiene razón. Es la inercia. Lo conocí en la facultad. Él tuvo más suerte, encontró trabajo como publicista enseguida. Yo no. Cansada de dejar currículum me resigné a trabajar de dependienta. A mis padres no les hizo mucha gracia, aunque al final lo aceptaron igual que yo, mejor que estar en casa sin hacer nada es. Sin embargo me desespera, porque es un círculo vicioso. Las semanas vuelan y los meses pasan sin cambios. Sigo dando vueltas en la misma noria de siempre. Casa, trabajo. Trabajo, casa. Fin de semana casi sin dormir. Casa, trabajo. Trabajo, casa. Fin de semana sin dormir en absoluto. Y así hasta el infinito. Cuando veo la cara de amargada de nuestra jefa me dan escalofríos. No quiero convertirme en ella. No. Me niego a acabar así. Porque es que yo tengo un sueño.


Hace mucho que no sueño con que se hace realidad, todo hay que decirlo. Antes me veía. Loca de alegría por haberlo conseguido. Todo, absolutamente todo, como yo quiero. Me regodeaba en los detalles hasta que todo estuviese como yo deseaba. Y me despertaba pletórica. Feliz, porque cada noche añadía pequeños cambios que me parecían indispensables para lograr la perfección. De hecho me acostaba pensando en lo que debía mejorar, incluso tomaba notas en un pequeño cuaderno que guardo celosamente en el cajón de mi mesilla. Ya no. Ahora tengo que apretar los párpados muy fuerte antes de quedarme dormida, para intentar rememorar alguna de las imágenes en las que mi vida era como yo quería que fuese. Aparto la mirada al echarme la crema de manos para no ver el otrora manoseado bloc allí olvidado, y cierro el cajoncito de un empujón enfadada. Lo noto. Sé que me mira diciéndome: “Traidora. Yo que guardo todos tus proyectos y no me haces ni caso. Mejor sería que me echases a reciclar... ¡Total, para lo que valgo!” Y me tapo los oídos con la almohada para no escuchar sus recriminaciones. Un día de estos lo tiro. O lo quemo. Sí. Eso. Mi sueño reducido a cenizas.

El polvo que desprenden las prendas que coloco en el estante me llevan a observar las diminutas motas al trasluz. Parecen brillar como el oro y durante un instante sonrío inconscientemente. Qué bellas son esas pequeñas cosas. “¡Eh, Bibi! ¡Despierta, que viene el ogro!” Ni siquiera me giro, me agacho para recoger un par de perchas que se me han caído y me voy directa hacia el montón de ropa arrugada que hay sobre un expositor bajo. “¡Niñas, daos prisa que esto parece una cuadra! Aunque no me extraña, con tanta gente... ¡Vienen aquí a revolver como si esto fuese un mercadillo, pero después no compran nada! Cómo se nota que fuera está lloviendo...” “¿Mucho?”, le pregunta Ana a la encargada con cara de circunstancias y ésta la mira por encima del hombro sin responder. “Es que no he traído paraguas y he ido a plancharme el pelo...”, le aclara más bien a la pared, porque la otra ya se ha dado media vuelta dejándola con la palabra en la boca. La sigo con la mirada y le doy las gracias a mi compañera por el aviso. No cabe duda, es un ogro, me pregunto si cuando habla se dirige a nosotras o a seres de su imaginación, porque cada vez que se digna a mirarnos da la impresión de que nunca antes nos ha visto. Suele mirar al frente y como es alta y lleva siempre taconazos, que por cierto no sé cómo aguanta con ellos tantas horas, pues ni nos ve. A mí menos, que soy bajita. En el fondo me alegro. Así no tengo que aguantar sus estúpidos ojos azules clavados en los míos. Está claro que nos cogen por ser más bien monas, pero ella no debió de abrir la boca en la entrevista, porque sino no me lo explico. Es repulsiva. Y con esa cara de no haber roto nunca un plato todavía da mas asco. Arcadas dice Katy que le dan si se cruza con ella. Y, como siempre, tiene razón. 


De casualidad miro el reloj y me entran ganas de llorar. ¿Las agujas no se mueven o es que me he metido en el libro ese de Proust que siempre relee papá? ¡Qué suplicio! ¡Lo que me queda para salir! ¡Y hoy con la de trabajo que hay no me va a dejar ni cogerme un descanso! Ni un respiro nos da, la muy... Ahí está, azuzándonos para que hagamos algo y no estemos quietas dos segundos en el mismo sitio. Unas chicas se acercan para preguntarme por una blusa que han visto en el escaparate y contraigo los músculos de las mejillas como un resorte. Tengo callo ya de sonreír como una falsa. Por inercia, como todo en mi vida. ¡Qué horror! Y entonces me fijo en ellas. Son tres. No muy guapas, la verdad, pero visten con estilo. Una tiene la melena lisa natural y la recoge con delicadeza a un lado mientras me explica que quiere combinarla con la cazadora que lleva en la mano. Alabo su elección y le aconsejo un pantalón y una falda que le irían genial. No suelo hacerlo, pero hay algo en ella que me empuja a ser sincera. Claro. Me recuerda a mí hace unos cuantos años ya, demasiados, para mi desgracia. Pero no por su aspecto, claro. Debe tener unos dieciocho. Menos de veinte seguro. Es su mirada lo que la hace parecerse a mí. Terriblemente soñadora. Y ese aire bohemio que le da la ropa que usa. Muy chic. Très chic. Diría mamá.   

Las veo yendo hacia los probadores entre risas y me muero de envidia. Suenan auténticas. Naturales. Echo tanto de menos reírme así. Bajo la vista para evitar que se me salten las lágrimas y el par de pantalones que tengo que recoger entra en mi campo visual. Cierro los ojos apesadumbrada y voy hasta el perchero a ciegas. Total, me conozco la tienda palmo a palmo. De repente choco con alguien y en el acto abro los párpados de par en par, deshaciéndome en excusas. Él me mira divertido, se limita a sonreír ante mi sonrojo. Tiene unos cálidos iris castaños. Su novia ni se fija en nosotros y se lo lleva distraída cogiéndolo de la manga. Él le pasa el brazo libre sobre el hombro cariñosamente y la envidia vuelve a apoderarse de mí. Cuelgo el pantalón en su sitio con saña, justo cuando el ogro me dirige una rápida ojeada. De inmediato viene directa hacia mí, con la gelidez de sus ojos azules anticipándome la reprimenda. Y, por fin, despierto. Voy a su encuentro resuelta y su frase ya no puede alcanzarme cuando nos cruzamos. De hecho, ni la oigo. “No puedes tomarte un descanso ahora”, casi me grita al comprobar que estoy llegando a la entrada. Me giro y el estupor reflejado en su rostro me hace sonreír de inmediato. “¡Tengo un sueño!”, exclamo triunfante soltándome el pelo, lanzando al aire el prendedor, “¡Y no quiero esperar ni un minuto más para tratar de conseguirlo!” 

by Eva Loureiro Vilarelhe

12 comentarios:

  1. Bonito final,... admiro a la gente que es capaz de buscar sus sueños.

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    1. Muchas gracias, Baile, por pasarte y dejar un comentario. Yo también, la verdad es esa, porque no suele ser fácil...

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  2. Uffff Eva,
    Menos mal que ha decidido perseguir su sueño. Daba pena ver cómo se iba consumiendo en esa sonrisa de cartón piedra que se le había quedado, daban ganas de empujarla, de decirle que no renuncie y al final lo hace, aunque sea difícil al menos tiene que intentar vivir su sueño.
    Un saludo

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    1. Gracias, Contxita. Tienes toda la razón, uno acaba compadeciéndose de su vida encasillada, así que sí, sino llega a hacerlo por ella misma, creo que no le vendría mal un empujoncito ;) ¡Buen fin de semana de puente!

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  3. Hola Eva, tremendo el relato. Creo que casi todos nos podemos sentir identificados en parte con tu protagonista. La vida te lleva a tener que elegir, y normalmente la elección suele ser un trabajo basura. Es realmente desasosegante ver como consume su vida y como sus pensamientos son cada vez más negativos por estar rodeada de algo que no le gusta.
    Ojalá todos pudiéramos cumplir nuestros sueños.
    Ojalá tu protagonista lo consiga y sea muy feliz.
    Me ha conmovido tu relato, Eva, enhorabuena.
    Un abrazo y ¡feliz lunes de fiesta!

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    1. Muchas gracias por pasarte y dejar un comentario. Tienes razón en lo desesperante del caso y que lamentablemente es una situación más común de lo que parece, a veces nos vemos abocados a un único camino en la vida que en el fondo no es el que deseamos, pero que una vez iniciado es difícil dar marcha atrás o atreverse a desviarse para retomar uno nuevo más acorde a nuestras expectativas iniciales. La protagonista lo entiende a tiempo y decide dar el salto. Un salto al vacío que no sabemos qué le conllevará, no obstante simplemente por intentarlo ya merece mi elogio. Me alegro de que te haya conmovido, es lo que pretendía, remover conciencias para recapacitar sobre lo que realmente merece la pena en la vida. ¡Muchas gracias y un abrazo!

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  4. Excelente relato, Eva. Mira, tu protagonista me ha llevado a las apuradas por todo el local de ventas con ese monólogo interior que no para, que le da vueltas y vueltas en su cabeza. Pienso que de veras te diviertes escribiendo, que lo disfrutas, que lo haces con placer, y, por qué no, con humor. Y lo trasmites con una frescura que da gusto leerte. Tu narrativa tiene algo que me encanta y es, precisamente, lo que define la palabra: acción, movimiento. Los hechos se suceden, transcurren, no te demoras en descripciones, y eso le da un encanto insuperable. Es muy, muy grato leerte. Te mando mis felicitaciones y un beso.
    Ariel

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    1. Ariel, como siempre me encanta que te pases y me dejes tus opiniones. Es un placer leerte a ti también y creo que en cierto modo somos contrapuestos, tú te recreas en las descripciones, yo en la acción y en los pensamientos... Pero al mismo tiempo nos parecemos, puesto que ambos damos especial relevancia a las sensaciones y a los sentimientos de nuestros protagonistas, dejando que fluyan en el relato hasta tal punto que lo moldean a su antojo. No sé si atreverme a decir que tenemos modos de escribir complementarios en última instancia, pero me emociona que al menos tengamos la oportunidad de dialogar con cada nuevo relato sobre un tema que nos apasiona a los dos: escribir. Un beso.
      Eva

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  5. María José López6 de mayo de 2017, 0:11

    Me ha encantado, Eva, la valentía de la protagonista, su lucha por su sueño.
    A veces uno se deja llevar hasta que algo o alguien le hace plantearse si lo que está haciendo le da verdadero sentido a su vida o, por el contrario, tiene sueños que cumplir.
    Estoy totalmente de acuerdo en que cada persona tiene que seguir sus sueños, luchar por aquello que realmente quiere, por superar sus miedos y alcanzar las metas y retos que se proponga, pues con ello encontrará el verdadero sentido de la vida y la ilusión y plenitud de vivir.
    Mi más sincera enhorabuena Eva

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    1. Muchas gracias por seguir leyéndome y ser tan amable de dejar un comentario. Me alegro de que te haya gustado, porque en el fondo es eso lo que pretendía transmitir, que merece la pena luchar por conseguir realizar nuestros sueños, incluso cuando ya nos parece que es demasiado tarde, porque al fin y al cabo es la única manera de disfrutar plenamente de la vida. Gracias una vez más y un abrazo :)

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