jueves, 1 de diciembre de 2016

7 buenas razones para hacer un calendario de adviento personalizado


Hoy ha comenzado la cuenta atrás, nos hemos levantado de mejor humor sabiendo lo que nos esperaba en la cocina, y es lo que toca de aquí al 24 de diciembre. Intentar adivinar con qué nos van a sorprender los elfos en nuestro particular calendario de adviento. Sé que se trata de una costumbre importada (de la Alemania protestante, nada menos), pero también que en muchos países tiene una larga tradición que en casa venimos haciendo desde hace ya unos cuantos años. Merece la pena el esfuerzo, se lo aseguro, entre otras muchas razones por las siete que paso a enumerarles a continuación:

1. Por ver sus caras ilusionadas al despertar. 
Les aconsejo que hagan un calendario personalizado, no que compren uno de esos que suelen venderse repletos de chocolatinas, sino que, o bien lo hagan con sus hijos (una manualidad estupenda para realizar durante esas tardes de lluvia otoñal en las que no se puede salir con ellos), o bien adquieran uno más artesanal, de fieltro, o materiales duraderos para poder rellenarlo año tras año. Por los niños es por quienes más recomiendo hacerlo, por supuesto, incluso por aquellos que ya no creen en “esas cosas” y disimulan delante de los “pequeños”, porque todavía siguen siendo críos aunque no lo parezcan tanto. También por los que bailan entre dos aguas, esos que se han enterado de lo que no están preparados para saber y desconfían de la verdad, al parecerles real la magia de la Navidad. Sobre todo si son testigos de lo que les ocurre a aquellos que se entregan totalmente al juego, admirados porque los ayudantes de Papá Noel vengan a visitarlos a diario. 

2. Porque los regalos que no se compran valen mucho más.
Paradójicamente, la experiencia me ha demostrado que es una manera eficaz para combatir el consumismo. Apenas hay regalitos materiales en nuestro árbol, como mucho unos lápices de colores, o algunas pegatinas o globos de propaganda, porque, créanme, hasta lo que nos puede parecer más nimio se convierte en un tesoro para ellos. Por eso durante meses voy guardando etiquetas de prendas de ropa con imágenes o diseños bonitos, papeles o cartulinas de texturas sugerentes, o simplemente lazos y cordones vistosos que después utilizan para sus obras de arte. Tampoco solemos abusar de golosinas ni chocolates porque no es saludable, por lo que se los damos muy de cuando en cuando (salvo en casos de urgente necesidad, porque en un despiste nos hemos olvidado de preparar algo mejor).  Pero aún así no es lo que prefieren, lo que más ansían que les toque son los besos y abrazos para todos. Suelo reutilizar cualquier ticket de la compra para escribir en letras grandes una nota, en la que indico qué animal hay que imitar para prodigar cariño entre los demás. Por ejemplo, si pongo “UN BESO DE ELEFANTE PARA TODOS”, está claro que la trompa y su ruido característico va a provocar inevitablemente risas, y por supuesto yo también recibo sus besos a lo elefante de buena gana, así que imaginen lo que ocurre cuando se trata de un abrazo de oso pardo...


3. Porque no es algo exclusivamente para niños.
Ahora bien, los pequeños de la casa no son los únicos que disfrutan del espíritu navideño que nos hace sacar lo mejor de nosotros mismos al menos una vez al año. Lo ideal sería mantenerlo durante el resto también, sin embargo no es tan fácil, por lo que insisto en que si tienen a un anciano en casa también lo practiquen. Llega una edad en que la torpeza adquirida acaba por minar la autoestima de cualquiera, por tanto no es de extrañar que se consideren un estorbo, así que háganles ver que son precisamente lo contrario. Si cada día encuentran un recuerdo, una fotografía, cualquier cosa que les evoque que se les quiere, será más llevadero para ellos todo lo que conlleva hacerse viejo. O unas palabras que se lo dejen más claro: “¿Te acuerdas de cuando me dabas la mano para que no tuviese miedo? Pues ahora me toca a mí dártela a ti para que no te sientas inseguro al caminar. Y no sabes lo feliz que me hace poder devolverte un poco de lo mucho que me has dado, papá.” “De pequeño siempre te dibujaba con el mismo vestido, aquel que te pusiste un domingo con el que estabas tan guapa. Igual que ahora, mamá, sigues igual de guapa.”

4. Porque nuestra pareja se lo merece.
Incluso si se da el caso de que la pareja convive sola, sirve para cualquiera, independientemente de en qué fase se encuentre. Para los acaramelados se convierte en un inmejorable momento para dar rienda a la pasión desbordante que llevan dentro (creo que en esta ocasión sobran los ejemplos...). Para los estresados por el trabajo, el cuidado de los hijos, de los padres, o demás intríngulis de la vida cotidiana, debería ser obligatorio que lo hiciesen, para intentar subsanar en cierto modo la falta de atención que se prodigan habitualmente (tener un detalle que demuestre que no se ha apagado la llama que los unió ayuda a mantenerla viva, aparte de mejorar una relación vital para la unión familiar). Para los hastiados después de tanto tiempo juntos constituye una más que recomendable tarea para ejercitar la memoria, además de una manera eficaz de recuperar la chispa que hubo entre ambos, como por ejemplo, compartiendo un bombón como dos adolescentes (creo que se hacen una idea de lo que quiero decir...). O de limar asperezas, con notas del tipo: “Cariño, sabes que te quiero como eres, por lo que espero que entiendas que te haya pedido cita en el otorrino para ver si me dejas dormir de una vez. No sé si te lo he comentado alguna vez, querido, ¡¡¡RONCAS COMO UN CAMIÓN AVERIADO!!! Posdata: eso sí, eres único calentándome los pies en la cama.”   

5. Porque también es apto para mascotas.
Las familias son de lo más variopinto y, por esa misma razón, únicas, así que en las que los animales de compañía tienen sitio como un miembro más, resulta lógico que se comparta con ellos un poco del exceso de glucosa que pulula por doquier en estas fechas. Esas galletitas que limpian dientes y dejan buen aliento, son una buena opción en lugar de los dulces que les pueden estropear la vista (dependiendo de cada bicho, claro, que no soy yo quien vaya a negarle un azucarillo a un caballo...), esos mimos atrasados que se prometen a diario y por unas cosas o por otras no se les dan, o ese paseo que se prolonga más de lo normal para compensar, podrían ser maneras de hacerles ver lo importantes que son en nuestras vidas.


6. Porque ya lo dice el anuncio de L’Oréal  
Así es, incluso cuando se vive más solo que la una, bien encantado de la vida, bien porque no queda más remedio, es bueno hacerlo. En este caso, salvo si se trata de un narcisista empedernido que se lo guisa y se lo come todo solito, sería mejor recurrir a alguien que lo conozca bien a uno, amigo, familiar, o lo que sea, para realizar una especie de amigo invisible. Quid por quo, si prefieren, es decir, intercambio de calendarios para llevarse una sorpresa a diario. Ni que decir tiene que se trata de aprovechar la ocasión para recordarle a esa persona lo especial que es para uno, aunque un poco de mala leche a veces es inevitable en algunos mensajes... “Buenos días, Fulano, hoy te toca pasarte por mi casa para devolverme la camisa que te presté hace meses. La quiero lavada y bien planchada, por descontado, y si no la encuentras en el desastre de armario que tienes, que sepas que una de Gucci (ésa entallada que vimos juntos hace unas semanas en el escaparate) serviría para compensarme, ¡y me quedaría tan bien!”  

7. Porque con espíritu navideño no se nace.
Es cierto que hay quien está más propenso a ello, sí, ese tipo de personas que van por la calle tarareando villancicos sin cesar, mientras otros preferiríamos que a Raphael jamás se le hubiese ocurrido cantar el tamborilero (que no decimos que lo haga mal, no, sólo que acaba empachando tanto como comerse diez polvorones de una sentada). En definitiva, que hasta si es de los que empieza a deprimirse en cuanto ve a los operarios de turno colocando el alumbrado público, que encima nos cuesta la fortuna que deberíamos ahorrarnos por aquello de paliar un poco los recortes (¡¡¡y el efecto invernadero, por favor!!!), hágame caso y móntese su calendario de adviento personalizado. En primer lugar por aquello de no desencajar y sentirse como un extraterrestre en su propio planeta (léase un “antinoel” rodeado de gorros rojos con pompones), y en segundo, y no menos importante, porque volver a sentirse como un niño es lo mejor para recuperar la sonrisa, esa que lleva dentro hasta el más pintado, esa que tuvo fijada en la cara durante la infancia y parece que cuesta enseñar a los demás, mucho más que fundirse con tanta alegría la tarjeta para cumplir con los cánones de todas y cada una de las celebraciones (aquí batimos récords, que hasta tenemos Reyes...). Así que hágase un favor, gaste menos y sonría más, a base de decirle a sus seres queridos precisamente eso, lo queridos que le son.

by Eva Loureiro Vilarelhe      

2 comentarios:

  1. Buenos días Eva, este comentario es para comunicarte que te he nominado para el premio Liebster Award. Para mí es como un reconocimiento de blogger a blogger por su buen hacer.

    Aquí tienes el enlace para acreditarlo. https://zmoyamilo.blogspot.com.es/2016/12/premioliebster-award-agradecimiento-me.html

    Un abrazo enorme.

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    1. Muchísimas gracias, Ziortza Moya Milo. Un abrazo ;)

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